Un maratoniano en la Subbética. Zancadas y emociones.

   "Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo, y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa".
Mahatma Gandhi.
 Como suele ser ya costumbre, apagué la alarma unos minutos antes de que sonara, esta vez a las 5:30 horas. Tras un desayuno generoso agarré la mochila y me dirigí al coche para poner rumbo a Lucena. Después de unos tres meses y medio de intensa preparación, el maratón de la Vías Verdes de la Subbética se acercaba entre las últimas sombras de la noche y una ventisca que arrojaba agua como quien arroja una carga pesada para por fin respirar. Todo parecía un presagio de la dureza que esperaba.
         6:45 horas. Recogida de dorsal en la coqueta plaza de toros lucentina, aún en los brazos claudicantes de una oscuridad que parecía resistirse a abandonarnos. Y, después de esperar un rato, al autobús que desplazaba a los participantes del maratón al punto de salida, Luque. Las nubes bajas y la niebla no se lo ponían precisamente fácil a la claridad que empezaba a asomarse al día. A lo largo del trayecto podíamos ver buena parte del trazado que íbamos a recorrer. Concentración, silencio, y algún comentario que rompía de vez en cuando ese momento casi sagrado para muchos corredores.
         9:00 horas. Salida desde la Plaza de España de Luque. Temperatura buena, algo fresca, pero agradable para emprender los algo más de 42 km que se nos abrían entre parajes y vistas hermosas, serpenteando la sierra subbética cordobesa y teniendo las estaciones de tren de la antigua vía como algo más que meros puntos de avituallamiento. Las estaciones de Luque, Doña Mencía o Cabra conservan esa rica esencia de aquellos lugares de estampa costumbrista y nostálgica belleza.
     Toda maratón es exigente, con independencia de su perfil, incluso de la preparación que lleves. Toda maratón es durísima para quien entrega todo lo que tiene, y aún no conozco el maratoniano que al cruzar la meta no se haya vaciado hasta quedarse en la reserva. Sí, vacío; vacío de energía, de fuerza… Vacío fisiológicamente, pero también vacío emocionalmente. Algunas de las inconfesables lágrimas que no pocos corredores de fondo derraman en los instantes finales lo hacen con el sereno pudor de quien ha tocado el límite y no se avergüenza de ello; de quien exprimió todo el zumo hasta romper la cáscara que somos y sentir esa amenaza punzante que ya horada la carne.
No hay más secreto en su poder adictivo. Resulta paradójico escribir este artículo un día después de que se haya pulverizado el récord del mundo de maratón. Y es que no se trata de un tiempo, tampoco de una posición, ni siquiera de un aplauso lleno de reconocimiento a lo largo del recorrido. De hecho, creo que el maratoniano no tiene más ni menos mérito que cualquier otra persona que, de una u otra forma, prueba el trago -siempre inclasificable- del esfuerzo máximo.
Al principio te sientes ágil y fuerte; todo es rodar y esperar. Pero de pronto llegas al kilómetro 30 y te preguntas “¿Qué hago aquí?, ¿qué sentido tiene todo este esfuerzo?... Entonces superas el 34 sintiéndote caer… “Este es el último; tengo bastante”… Los metros se hacen kilómetros y cuando llegas al 40 es el alma la que te empuja, un despojo de ti, de tus fuerzas, de tus emociones, tu humanidad desnuda y desvalida, probada y retada; el vacío, porque ya ni siquiera escuchas tus pensamientos… “Este va por ti…” Se acerca el 42 y oyes cadenas de aplausos en la meta; ahora un frío distinto a todos te abraza y te empuja en los últimos metros… Ese llanto sereno y escondido es la primera y más valiosa carga que tu nuevo ser llena en su palpitante y reconstituyente vacío. A veces me da por pensar que el maratón se parece, y no poco, a la vida...

La cohesión como factor de equipo.

“El talento gana partidos,
pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos”
Michael Jordan
         La pretemporada quedó ya atrás o falta poco para que llegue a su fin. Ya fijamos en su momento el objetivo o los objetivos de la temporada. Incluso hemos tenido la oportunidad de acordar los valores que el grupo va a hacer suyos y con los que se va a comprometer. Aún estamos a tiempo de hacerlo. Transitamos por tanto el mes de septiembre con un propósito muy claro en el camino que hemos comenzado hace muy poco tiempo y que nos llevará lejos.

OBJETIVO: Afianzar el sentido y concepto de EQUIPO.

FACTOR: COHESIÓN.

DESCRIPCIÓN…
La COHESIÓN es el efecto resultante de la acción de reunirse o adherirse los miembros a un todo común y participado, donde tan importante es el propósito que convoca a cada uno de los integrantes como el mantenimiento de la singularidad individual que aporta cada miembro. Es decir, el EQUIPO comparte un todo del que formamos parte única y fundamental. La responsabilidad de la cohesión es individual; se trata de un compromiso de la persona, libre y rotundo. Efectivamente, nos encontramos ante una decisión personal para beneficio instantáneo del EQUIPO. En cualquier caso, el equipo no suele quedarse con nada de nadie; quien entrega recoge.

HABILIDADES necesarias que debe fomentar el entrenador...
Para que la COHESIÓN llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el EQUIPO, requiere de:
·         Compromiso. La decisión personal de cada individuo de ser y estar en equipo, de estar dispuesto a entender el valor de la entrega personal por el logro del grupo.
·         Integración. La voluntad de integrarse;  de ser uno, respetarse y respetar a los otros en el valor de su necesaria diferencia conmigo. En la heterogeneidad está el valor del EQUIPO
·         Participación. El deseo de aportar la propia persona, su singularidad, su especificidad, su esencia y cualidades personales, aquellas que solo él tiene como nadie y de las que el grupo se beneficia.
·         Renuncia. A lo largo de la temporada, la necesidad del conjunto no siempre coincidirá con la expectativa individual. Hacer ver estos momentos y proporcionar claves para gestionarlos contribuye al bien y propósito del EQUIPO.

COMPETENCIAS o CAPACIDADES que el deportista consigue…
·         Decisión. La vida está llena de opciones y decisiones en un océano de oportunidades y alternativas. Valorarlas y comprometerse hasta el final resulta fundamental en la formación y aprendizaje de la persona.
·         Sociabilidad. El mundo es mucho más grande que uno mismo. No todo empieza y termina en mí. La experiencia de EQUIPO se convierte en oportunidad para mostrar el respeto al otro distinto y complementario a mí; de crecer en la valoración y aceptación de la diversidad.
·         Generosidad. El deportista aprende e interioriza el valor de la entrega y la renuncia; del esfuerzo que requiere alcanzar nuestros mejores propósitos; de la necesidad de ponernos al servicio del bien común y la satisfacción que conlleva.
Experimenta ahora tú, entrenador, todos los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la COHESIÓN. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Sin duda, la cohesión no marca goles o encesta canastas, pero construye la confianza necesaria entre quienes tienen que hacerlo. ¡COHESIONA! 

Reto "Restaurante KIDS". Niños, cocina y valores.

Inspirado por mi amigo Sergio Fernández Guerrero,
un alma intrépida que se agarró a la cocina como quien se agarra al canal de la vida que le permite repartir entusiasmo y contagiar vitalidad.

La mayor parte de ellos se conoce casi desde que empezaron a  guardar -a buen o mal recaudo- sus propios recuerdos, porque combaten los rigores del calor estival en la playa de La Guardia-Salobreña (Granada). El grupo de niños –hermanos entre sí algunos- oscila entre los tres años de Sergillo y los trece de Pablo o Claudia. En realidad conforman varios grupos arracimados por esa proximidad con que la edad y los juegos los convocan.
         Hasta ahí, todo normal; con las incidencias y vivencias propias de cada verano. Pero, de pronto, un huracán entra en juego y hace volar la imaginación y saltar la creatividad y el entusiasmo. Ya lo conocemos quienes convivimos con él durante alguna semana cada verano. Sergio es incandescente; brilla pero no quema; su chispa prende, incendia, pero, lejos de devastar el territorio que pisa, lo revoluciona, lo mueve a la acción dentro de ese campo magnético que crea su personalidad arrolladora y cercana. Todo lo que emprende desde que asoma por la playa es pura acción y derroche adrenalínico.
         Y esta vez no se conformó con alguno de sus improvisados juegos en el agua. El reto que le propuso a una veintena de niños era nada más y nada menos que programar, preparar, servir y recoger una cena a un número limitado de adultos. La idea cobró poco a poco fuerza y la cuenta atrás acababa comenzar. Valores como el trabajo en equipo, la distribución de roles, funciones y responsabilidades, la necesidad de coordinación, el respeto o la valoración del trabajo de cada uno y de todos saltaban a la vista desde el primer momento. Cocineros, camareros, relaciones públicas, maîtres,… y todo tutelado por un magnífico y distinguido profesional de la cocina y la motivación como Sergio Fernández Guerrero.
         Y programaron su menú:
· Entrante: Salmorejo con tartar de langostinos y dátiles.
· Primer plato: Bacalao confitado con crema de patata y aceite de trufa.
· Segundo plato: Solomillo a la plancha con cebolla confitada, espárragos trigueros y ciruelas.
· Postre: Sandía y mango con crema de yogur y azúcar glace.
· Y todo regado por magníficos vinos de la tierra.
Tres días de asambleas de equipo, establecimiento de reglas y organización; días para la búsqueda y preparación de materiales, promoción del evento, reservas, compra de material y, por fin, elaboración de la cena. Y llegó: 21 de agosto, 21.30 horas, temperatura agradable y una ligerísima brisa peinaba los frondosos árboles de la plaza. Y el restaurante KIDS abrió sus puertas de sueños infantiles por una noche, una noche mágica y diferente tanto para su equipo de trabajo como para los privilegiados clientes que tuvimos el honor de disfrutarla. Todo un éxito.
Muchos de ellos aún no tienen claro que quieren ser de mayores, pero bueno, quizá el mundo tampoco sepa a estas alturas que les aguardará a ellos, qué horizontes les tiene reservados o qué tipo de profesiones podrán llegar a elegir. Pero eso ahora puede que importe poco o nada; lo que verdaderamente importa es la experiencia de ser un grupo, un grupo muy diverso y variopinto que ha tenido que ponerse de acuerdo para alcanzar un objetivo común y compartido. Un grupo que, por unos cuantos días, ha tenido que convertirse en EQUIPO y respetar unas reglas, valorarlas, apoyarse, tomar decisiones, trabajarlas, e incluso disfrutarlas.
Pasaban apenas unos cuantos minutos de las doce y casi todos los clientes habían dejado ya KIDS, y fue maravilloso comprobar entonces como un grupo de cocineros, camareros, maîtres o relaciones públicas de pronto volvieron, como si sus vestimentas se hubieran disuelto por un extraño hechizo, a su hermosa realidad de niños.

Gracias, Sergio, por tu carácter y tu humanidad. Estos días la cocina fue una magnífica excusa para transmitir unos valores a un grupo de niños que tendrán que interiorizarlos para crecer, relacionarse y, sobre todo, poder ser ellos en cualquiera de los escenarios que su vida les depare o ellos se construyan. Todavía son niños, sí, pero al fin y al cabo seres humanos, protagonistas de sus creatividad y sus sueños, a quienes nada les impide vivir lo que les hace mejores que ellos mismos antes de cada experiencia.

Pretemporada. 5 claves para enriquecer el proceso.

Fue al término de una sesión de trabajo físico muy exigente en el ecuador de la pretemporada. Ejercicios integrados y combinados con balón; estímulos continuos y cambios de actividad. Fuerza, resistencia, elasticidad; solos, en pequeños grupos… Magnífica planificación y conducción por parte del Preparador Físico bajo la supervisión del entrenador. No lo decidimos, pero ambos permanecimos en el campo mientras todos se iban retirando. Dejamos primero sitio al silencio y en seguida surgió la conversación en el césped. Se le notaba preocupado porque creía que faltaba algo; que no veía ciertas cosas necesarias y la temporada arrancaba en apenas dos semanas… y entonces se soltó.
-No sabría decirte bien –sostuvo dubitativo-; quizá convicción, no sé si entusiasmo, o confianza… El caso es que los veo serios… Sí, puede que sea eso: serios, como si estuvieran tristes, tensos.
-¿Y qué te preocupa de eso? –le reformulé. Entonces su mirada se perdió en la lejanía del campo como si quisiera escrutar en el horizonte la respuesta.
-Lo que quiero es que todo salga bien… -sentenció devolviéndome de nuevo la mirada.
-¿Todo?, ¿bien? -No pude ni quise reprimir mi sonrisa, pero tampoco dañar la complicidad y el respeto que nos profesamos.
-Ya sabes, todo lo marcan los resultados; este mundo es así de caprichoso. Pocos ven el sacrificio y el trabajo que hay detrás. Si luego el balón no entra…
Desde que su mirada buscó en la lejanía supuse que se trataba de algo relacionado con la seguridad de los resultados y la incertidumbre del camino; el tenerlo todo bien atado; haber planificado y realizado un trabajo de precisión casi milimétrica y empezar ya a ver muy cerca la competición, donde se introducen las variables que no dependen solo de ti ni siquiera del grupo y, sobre todo, de ese sometimiento al poder implacable de los resultados.
Tranquilo, entrenador. No puede estar todo, absolutamente todo, en este momento. Estamos sembrando y abonando el terreno y no podemos exigir la certeza de los resultados. Estas claves pueden ayudarnos en plena pretemporada.
1.   Limpia. La pretemporada es la pequeña mochila vacía de cada uno y la gran mochila vacía de todos. Intenta vaciarlas primero de todo aquello que robe espacio a lo que será fundamental en la competición. Creencias, temores, inseguridades, prejuicios… No todo lo que traemos suma.
2. Llena. Comienza a llenar las mochilas teniendo siempre en cuenta los cinco compartimentos: físico, táctico, técnico, mental/emocional y relacional. A veces integrado; otras con trabajo específico, pero no excluyas ninguna dimensión. La temporada es muy larga y todas jugarán en la competición.
3. Señala. Visualiza el conjunto del camino desde el principio, sitúa el momento de trabajo siempre que puedas y trata de poner el foco en el instante de tal manera que todos sientan la importancia del “aquí y el ahora”. A todos nos gusta distinguir el destino e interiorizar la ruta. Nuestra entrega alcanza entonces más sentido. Crea alianza y aliados.
4. Motiva. Si crees en lo planificado y la respuesta de tu equipo es satisfactoria, no cuestiones en cada momento tu método o tus decisiones. Concédete espacio a ti y al grupo para integrar todo el trabajo. Hay un momento para decidir, otro para trabajar y otro para evaluar. Alienta y estimula a los tuyos; que observen y se contagien de tu energía y convicción.
5. Implica y confía. No se controla todo. Hay entre un 15 y un 20% de variables que no dependen de ti, ni del grupo. Existen factores en la competición incontrolables; no pueden ocupar, ni mucho menos nublar, tu visión y tu camino que, al fin y al cabo, es la de tu equipo. Todo lo que suma en pretemporada, multiplica en la temporada. Todo lo que resta, luego divide. Sé lo que quieras que sean.

-¿Qué te gustaría que tuviera tu equipo; qué es aquello que crees que no le puede faltar, míster? –tuve clara la pregunta tras el silencio que nos concedimos.
-Supongo que dignidad, orgullo, confianza, sentido de equipo, pasión por lo que hacen, superación en la adversidad… Son muchas cosas.
-Entonces, deberías estar tranquilo y confiar en tu trabajo. Supongo que no debes temer nada si lo ven en ti.

Empezamos a caminar hacia la boca de los vestuarios. Una media sonrisa pareció instalarse en su gesto relajado mientras enrollaba y desenrollaba entre su dedo índice la cuerda de su silbato gastado.

Cazadores de estímulos. El homo technologicus y las APPS.

“Corremos el riesgo de llegar a los demás como meros objetos
a los que podemos acceder”.
Turkle.
         Con el libro La generación APP, Katie Davis nos ofrece una rica reflexión sobre el impacto que la realidad de las aplicaciones está teniendo en la vida de los jóvenes, pero también –por contagio y extensión- en la de los adultos. Y entre sus renglones, rescata una cita de Ellul lo suficientemente elocuente como para compartirla y digerirla: “pensar que la tecnología no hará más que dominar nuestra existencia material es una muestra de ingenuidad. Estos dispositivos abren paso a un cambio fundamental en la psicología humana”.
Ciertamente, el mundo de la tecnología en general, y el de las aplicaciones de manera muy particular, está creando una nueva conciencia de sí mismo, de los demás y del conjunto de la realidad circundante; una nueva microvisión y macrovisión en la que el ser humano es sujeto y objeto. Así, la brecha abierta entre los considerados nativos digitales, los inmigrantes digitales y –por supuesto- los analfabetos digitales se expande, como se expande con ella esa concepción del mundo tan singular.
Pocos expertos en educación, psicología, sociología o antropología evolutiva, entre otras disciplinas complementarias, dudan de la influencia y el impacto que las APPS están ejerciendo en cuestiones tan fundamentales como la identidad, la intimidad y la creatividad de los individuos. El modo en el que se vertebra el ser individual, la manera en la que establecemos nuestras relaciones y abrimos nuestra intimidad con los otros (alteridad) y la propia capacidad creativa e imaginativa se ven claramente afectadas por la tecnología que nos envuelve y desde la que hemos establecido la mayor parte de nuestro desarrollo. Puede que, en cierto modo, la relación, uso y dominio de la tecnología determine hoy, como en otro tiempo lo determinaban otras cuestiones, la pertenencia generacional.
En este sentido, podríamos distinguir entre dos grandes categorías de aplicaciones, las que generan dependencia y aquellas otras que generan capacitación y promueven el desarrollo del pensamiento y la creatividad. Sugerente al respecto es la reflexión de Nicholas Carr, quien expresa que, “por su velocidad, la era digital fomenta el pensamiento superficial, malogra la lectura y la reflexión sostenida que favoreció la era Gutenberg”. Nos deberíamos preguntar, al respecto, en qué espacio del homus technologicus nos situamos, si en aquel en el que se encuentran las personas app-dependientes o, por el contrario, en aquel otro donde permanecen los app-capacitados.
Las APP-dependientes trazan rutas establecidas, caminos marcados; dispensan soluciones unívocas y generan un pensamiento unidireccional y dependiente. Mientras que las APP-capacitadoras proporcionan horizontes y no caminos establecidos ni rutas marcadas; generan un tipo de pensamiento alternativo, constructivo y autónomo.
En cualquier caso, vivimos en un mundo rodeado de dispositivos digitales que, a través de sus innumerables aplicaciones, parecen dispensar soluciones de todo tipo a todo tipo de situaciones. Basta reconocer una dificultad, un problema más o menos extendido para a continuación crear una aplicación que lo solvente con más o menos acierto. Un mundo en el que ser humano, en plena revolución tecnológica, se está convirtiendo en un avezado cazador y devorador de estímulos. Sin ellos, sin el contacto permanente y continuado de estímulos, el ser humano incluso llega a desarrollar un síndrome de abstinencia con toda la sintomatología que lo hace reconocible.

Después de todo, en esa conciencia nueva de sí mismo, de los demás y del mundo, lo siguiente, a modo de rasgo inequívoco de la Generación APPS, puede ser –si de hecho no lo es ya- entender las personas y el mundo como una gigantesca aplicación, donde el principio de utilidad siempre esté por encima del principio de vitalidad. ¿Qué supone todo esto?...

"El fracaso es no intentarlo". Diario de un coach.

“No es su dureza o su comodidad, su estrechez o su anchura;
lo que hace bueno al camino es el hecho
de que sea tuyo y te conduzca a tu destino”.
Terminamos su proceso personal de coaching hace ya algún mes. Pero aún tengo su fuerza dentro de mí, pegada en las paredes porosas de mi corazón. Bendita vocación la de trabajar la mejora de las personas. Él se reconocerá al leerlo. Lo llamaré Treeman. Y dejo las evidentes connotaciones para ti, lector.
Treeman se mostraba desde el principio contemplativo, resuelto, correcto en el trato y cercano en la conversación; se veía seguro de sí mismo pero al mismo tiempo expectante ante la imprevisible experiencia de trabajar por vez primera con un coach. Por lo que pude compartir en los diferentes retornos que fuimos haciendo, fueron unas sesiones intensas en su conjunto, serenas y exigentes, donde el componente retador sobrevolaba en las miradas, las preguntas, las palabras, los silencios… Treeman terminó de cerrar un objetivo; afrontó sus miedos y temores con el que se limitaba; surcó para ello el territorio inhóspito de sus sombras y desafió por fin a aquellas dudas que, por muy distintas y variadas razones, todos tenemos como desierto árido que cruzar. Y después de unos pocos meses llegó la última sesión junto al coach.
El escenario elegido para esa sesión final fue distinto, inesperado. Un espacio potenciador e inspirador para Treeman. Un par de días antes le envié un mensaje para quedar en un parque y comenzar desde allí 1 hora de running. Así terminaría su proceso, nuestro proceso. Allí donde ciertamente se reconocía en un hábitat placentero, motivador, activador…
Al principio fue un trote suavemente; sí, por delante toda una hora para compartir sensaciones entre preguntas, silencios, respuestas, pensamientos… Conversamos sobre la marcha de sus miedos, de su temor a caer y fracasar, y lo hicimos al ritmo de zancadas, donde Treeman se sentía verdaderamente potenciado y cómodo. Esa niebla gris con la que el miedo suele envolver y acariciar a las personas parecía disipada por momentos. Treeman, sin ni siquiera ser preguntado, propulsaba palabras sobre sus experiencias y vivencias… No había filtro emocional ni mental… Se emocionaba al revisar su vida; nos emocionábamos al ritmo de pisadas que parecían precipitarse y acelerarse en un cadencioso y ascendente ritmo.
-El fracaso es no intentarlo -se repetía convencido, convenciéndose.
Asiento sin articular palabra; sólo permanezco a su lado corriendo al ritmo que marcaba…Mis gafas de sol me permitían parecer neutral en la batalla que él libraba por dentro y me regalaba, pero estaba entregado entre un ejército de emociones dispuestas a saltar de la trinchera de los ojos. (-Tranquilo -me repetía en mi lucha interior para no acaparar el momento).
         Entonces comenzamos a dialogar sobre el presente, sobre el modo en el que a partir de ahora abordar la vida personal y profesional… y ahí se volcó sin que tampoco en esta ocasión me concediera la oportunidad de intervenir; ni yo lo pretendía ni él lo necesitaba. Su crecimiento, sin duda, ha sido espectacular porque él lo ha querido, sentido, protagonizado, luchado y proyectado. Presencia, consciencia, inspiración, ilusión… sintetizan  el trabajo de estas semanas para Treeman, pero también para mí, por supuesto. Es el regalo que me deja cosido con el hilo de las emociones…
        No queda nada, ha pasado la hora como pasa una brisa, suave, imperceptible, reconfortante. El reloj da la señal, nos miramos y paramos, pero nuestra mente, nuestro corazón ya no se detienen; quieren más… y lo van a tener. Nos despedimos con un abrazo y hay una emoción que evita cualquier otra despedida convencional.
-¿Todo bien?, ¿y ahora…? -pregunto.
-Ahora todo –responde mirándome a los ojos y estrechándonos en un abrazo que nos hizo más humanos, más fuertes.

Una convicción y una experiencia. Hay poca energía tan transformadora y reportadora de vibraciones positivas como aquella que logras introducir en el canal desbordante de la VIDA. Libera tanta atadura a esa VIDA. Gracias, Treeman, por tus raíces profundas y tu sombra reconfortante. ¡Seguimos!

La suerte se construye. El arco, la flecha y la punta.

“Estamos aquí para darle un mordisco al universo.
Si no, ¿para qué otra cosa podemos estar aquí?”
Steve Jobs.
Nos rodeamos o nos rodean personalidades y formas de ser muy variopintas; espíritus de toda naturaleza, condición e intención. Y eso es algo decisivo para el ser humano, para la manera en que se construye y vertebra su estructura emocional desde que nace. Alguien decía algo parecido a que la persona se dedica toda su vida a huir o aprovecharse de sus tres primeros años de vida…
En este sentido, la inmensa mayoría de las personas cree que la suerte es un factor que juega un papel fundamental en cualquier aspecto de su existencia, del mismo modo que hay un buen número de esas mismas personas que considera que la suerte es una realidad inabordable; una realidad sobre la que –“no debemos engañarnos”- podemos ejercer poca o mínima influencia.
Hay, con todo, un grupo que empieza a creer y, sobre todo, a experimentar que la suerte cuenta con nuestra complicidad, con nuestro aliento, con nuestra intención y con nuestro empeño por transformar cualquier realidad. Y es entonces cuando la suerte solo encuentra caminos que le conducen a un mismo y único destino, a ese lugar, a ese espacio que construyen aquellos que la desean, la buscan y la persiguen sin desaliento, al ritmo de los latidos que marcan sus sueños.
Sí, la suerte se construye. Puede que, después de todo, no venga; que no recibamos su visita o no nos otorgue su anhelada bendición. Pero quien habilita los caminos para su más que probable compañía eres tú, y ésa es la parte que solo a ti te toca y de ti depende. No sé si te has preguntado qué y cuánto haces por crear las condiciones para que se produzca esa visita… Es como si todos, sin excepción, dispusiéramos de un arco y unas cuantas flechas para lanzarlas al objetivo deseado.
1.   ¿Cuándo vas a coger de una vez el arco? Tú, como todos, tienes uno. El arco es querer lanzar al objetivo, no caer una y otra vez en los miedos al posible desacierto ni ser víctima de la inseguridad. Partes ya de no ser ni tener lo que buscas. Puede pasar una vida y tener el arco en aquella esquina de los objetivos no afrontados o los sueños no intentados. El arco, en el fondo, es tu alma, tu espíritu. El arco es todo lo mejor de ti aún no intentado, todo lo mejor de ti intentado sin la más auténtica convicción que llevas dentro.
2.   ¿A qué esperas entonces para agarrar la flecha? No sé el número exacto de las que disponemos. Supongo que no serán muchas, ni pocas… Pero sí sé que tenemos algunas, y que no van a quedarse en el carcaj. La flecha es el plan necesario que nos conduce al objetivo. La flecha conecta la persona con el sueño, lo vincula y lo hace posible por momentos; la flecha crea una estela apenas visible, mágica, que lleva todo el aliento y el alma del lanzador de sueños y el cazador de retos. La flecha arrastra el suspiro de quien suelta el aire como quien suelta un huracán de deseos. En el plan vas tú; el plan es parte de ti; eres tú trasladado, movido, conmovido, desprendido, suspendido… esperanzado después de todo, abrazado por instantes a la fe que todo logro necesita en última instancia. ¡Coge tu flecha, crea tu plan!
3.   ¿Cuánto tiempo vas a dedicar a afiliar la punta de la flecha? Al fin y al cabo, la puntería, siendo también fundamental, no es suficiente si la punta de tu flecha no se encuentra lo suficientemente afilada. La punta de la flecha es todo el talento oculto en el proceso, pero abierto con rotundidad en el instante final; la punta es lo necesario cuando ya se ha dado todo y queda el último impulso, aquel en el que no muchos reparan por la poca fe en llegar hasta ese momento final. No dejes de afilar la punta de tu flecha solo porque pienses que será difícil alcanzar el objetivo. Ten fe; más fe.

Sí, la suerte se construye, más allá de que no tengamos el poder y el control de todas las condiciones que la hacen posible. Puede que la suerte sea zalamera, algo caprichosa, a veces arrogante, esquiva, otras cercana y generosa. Aun así, construye con fe el camino que le conduce hasta el lugar que deseas, es la parte que de ti depende y –quizá- ella espera. Hay quienes le habilitan senderos a la suerte, y los hay quienes le construyen autopistas.