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El equipo ante el final. Cuando llega la hora de la verdad.

“Yo arriesgo mi vida, tú jura que la defenderás”
La Iliada.
         No parece seguro, pero, aún así, el adivino Calcante mira con serenidad a Aquiles antes de transmitirle una información decisiva para el transcurso de los acontecimientos de la guerra; se trata de una información que pondrá su vida en serio peligro ante la furia desbocada de Agamenón, líder despiadado y envidioso. Aquiles transmite en su gesto la confianza necesaria, refleja el valor y la decisión que Calcante necesita ver en este tormentoso momento que sin duda cambiará las cosas. Entonces, después de un breve pero inquisitivo silencio, sentencia:
         “-Yo arriesgo mi vida; tú jura que la defenderás”.
        
Todo llega. También, y sobre todo, los momentos decisivos para líderes y equipos de toda índole o naturaleza, de toda misión. Lo percibes porque el camino se estrecha después de una travesía más o menos placentera, más o menos dura. Lo percibes porque genera dentro de ti y del equipo un cosquilleo difícil de clasificar, porque aumenta la presión externa de quienes te acompañan y tienen las expectativas intactas, pero también la interna, esa con la que tú te castigas a veces en exceso. Llega el momento decisivo y tienes la sensación de que un precipicio parece abrirse ante tus pies sin la certeza de haber traído las alas necesarias.
Hay un instante en el que sientes que ya no hay posible vuelta atrás; que todo para cuanto te estabas preparando ha llegado sin que puedas postergarlo. Para cuando esto sucede, los líderes y sus equipos se saben ante la puerta que ya solo cabe abrir de par en par. La puerta que puede traerte el cielo y sus estrellas; la misma puerta que puede abrirte las cloacas llameantes de infierno. ¡Qué paradoja! El momento en el que los objetivos, los resultados, llegan a adquirir rostro, cara, emociones, sensaciones… Sí, ese momento ya está aquí para ti y para tu equipo. El modo en el que gestionas este escenario de presión ante la fase final que decidirán toda una temporada también diferencia a los líderes.
Estas podrían ser 4 situaciones y sus 4 posibles claves para surcar este mar tempestuoso para tu equipo:

SITUACIÓN 1: Se huele la tensión previa antes de la batalla.
A TENER EN CUENTA: La atmósfera y el ambiente previo a todo momento decisivo resultan fundamentales.
CLAVE 1: Genera la serenidad necesaria y suficiente.

SITUACIÓN 2: Aparecen las dudas y la incertidumbre ante el resultado.
A TENER EN CUENTA: La visualización de todo lo bueno que ha traído al equipo hasta este momento. Ha sido el valor de lo que somos y hacemos el que nos da esta magnífica oportunidad de alcanzar la meta y los objetivos.
CLAVE 2: Construye la confianza en ti y tu equipo.

SITUACIÓN 3: La presión puede robar el aire que la hora de la verdad necesita.
A TENER EN CUENTA: El exceso de mensajes puede deteriorar el aire que respira tu equipo. La protección de ese espacio en el que se trabaja, el aire y el oxígeno que ha venido respirando el equipo hasta ahora debe protegerse.
CLAVE 3: Elimina toda esa presión que ahoga el talento de tu equipo, su potencial, su rendimiento.

SITUACIÓN 4: Está la confianza y la fe, pero falta la decisión, el paso al frente de todos que supone la declaración de intenciones.
A TENER EN CUENTA: Todo parece tan complicado; se ha preparado con tanto detalle, que a veces es solo cuestión de un último empujón, una provocación a tiempo; una emoción que desencadena la acción inaplazable.
CLAVE 4: Provoca la acción.
     Lo haremos y lo pondremos todo. Y vendrá el resultado como vienen los días, para probar nuestra actitud, para probar la consistencia de nuestros motivos, la fuerza de nuestro espíritu competitivo. Siente orgullo por el esfuerza tuyo y del equipo que confió en ti el liderazgo y la autoridad. Al fin y al cabo, la derrota o la victoria es expresión necesaria de la competición, pero siempre insuficiente si por encima de ella –o atada a ella- no está la vida, las vidas de quienes la comparten. El final lo elegimos, porque el final es mucho más que un tanteo o un resultado: quiénes fuisteis, quiénes sois y quiénes seréis como equipo.

El líder y el arte de gestionar frustraciones.

“No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es tratar de complacer a todos”
Bill Cosby
Hace algún día, mi amigo @Cidoncha5, a través de @CompetirConAlma, compartía conmigo una encendida inquietud futbolística muy común en los entrenadores; una reflexión que, en todo caso, considero extrapolable al mundo de los equipos en su conjunto, sea cual sea su naturaleza y misión. Líder responsabilizado y serio, José María bajaba al suelo un balón difícil de someter a ese riguroso control que por seguridad buscamos en toda jugada de la vida, incluso en las menos decisivas...
Y llegó la pelota sin buscarla, pero hay que estar ahí… ¿por qué el deportista piensa más en sí mismo que en el equipo?, ¿cómo gestionar este tipo de situaciones en las que los egos capitalizan el escenario competitivo del equipo?
Desde el punto de vista de la sociología de la organización de equipos, conviene recordar dos aspectos fundamentales:
1.   A todos los miembros del grupo se les ha hecho sentir parte importante desde el principio. Parece razonable y hasta bueno que la mínima percepción de lo contrario provoque la reacción del deportista competitivo.
2.   Todos quieren preparar la tarta, casi todos poner la guinda; todos quieren probarla y todos, al final, quieren recibir los elogios de los comensales. En cualquiera de las fases hay que gestionar insatisfacción. (El que no es convocado quiere ser convocado; el que está en el banquillo quiere aparecer en el once titular; el que está de inicio quiero hacerlo en otra posición y meter goles; el que mete goles quiere meterlos bonitos, y el que los mete bonitos quiere que lo aplaudan y sentirse valorado… ¿o no?)
Sin duda, en el modelo de trabajo de líderes de equipos, gestionar la insatisfacción latente a lo largo de la competición se ha convertido –competencias técnico-tácticas ya sobreentendidas- en una de las habilidades más valoradas en la alta dirección de personas talentosas que tratan de convertirse en equipo.
Efectivamente la disociación entre los objetivos personales y los de del equipo se convierte en una de las mayores causas de las grietas que terminan socavando las aspiraciones de un grupo. Algo hay que hacer, y esa responsabilidad es, por supuesto, del líder. Ten prevista tu estrategia, sé honesto y habla con ese miembro o miembros de tu equipo, concede el tiempo que necesita y necesitas, y toma finalmente una decisión consecuente. Puede suceder que:
Ø  SITUACIÓN 1. El entrenador (líder) cree que el jugador no está en un buen momento. ACCIÓN 1. Hazle saber que distingues el momento que atraviesa del verdadero potencial que tiene, y trata de provocar su reacción, acompañándola, motivándola.
Ø  SITUACIÓN 2. El entrenador cree que hay compañeros en mejor nivel y forma que él. ACCIÓN 2. Le invitas a trabajar duro, pero le haces ver la realidad del equipo en este momento. Paciencia y trabajo, no hay otra. El respeto al compañero es un valor recíproco.
Ø  SITUACIÓN 3. El entrenado cree las dos cosas. ACCIÓN 3. Propone ambas acciones.
Ø  SITUACIÓN 4. El entrenador cree que la situación está deteriorando gravemente el ambiente y afecta al trabajo y rendimiento del equipo. ACCIÓN 4. Exponle claramente la situación y decide una situación en la que perciba él y el grupo lo inconveniente de su actitud, así como el riesgo que la situación creada provoca. Deja claro que no es su persona el problema, sino la actitud que ha elegido. Concedes la oportunidad de cambiar y, pasado el tiempo previsto, decide.
Como entrenadores, como líderes de un equipo, a lo largo del caprichoso vaivén de la competición tenemos la oportunidad constante de señalar los valores en los que creemos, y aquellos que para el equipo queremos. No decidir es una decisión, y no siempre la mejor. A veces no se trata tanto de formular grandes discursos, sino de ser coherente e íntegro en tus decisiones y acciones en el abigarrado conjunto de situaciones que se van presentando. Invítales a que tomen ellos el mando de su propia situación; que dejen de ser víctimas y se conviertan definitivamente en protagonistas de todo -que es mucho- cuanto depende de ellos. Y piensa algo. Poco, realmente poco, podrá satisfacer a todos del todo y plenamente.
Gestionar la insatisfacción forma parte de las competencias imprescindibles del entrenador, algo que se aprende y también se entrena, como se entrenan otros aspectos que requieren un equipo, como también lo requiere la familia, tus amigos o incluso tu propia pareja.  ¡Ay esa curva emocional compensatoria de la que todo líder vive, ese hilo emocional en el que toda su trayectoria se agarra!

La PRESENCIA como factor mental y emocional de rendimiento. Combatiendo el ruido…

“Estás demasiado preocupado por lo que ya sucedió y por lo que sucederá (…) Ayer es historia, mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo. Por eso se llama presente”
Kung Fu Panda
         Llega un punto en la temporada de competición en el que se acumula demasiado ruido. Suele coincidir con el final de la primera vuelta y el comienzo de la segunda. Y ya no para prácticamente hasta el final de temporada. Gestionarlo en todas las direcciones en las que se manifiesta, también a las que afecta, es una competencia siempre inacabada para todo entrenador o cuerpo técnico. El ruido es un obstáculo invisible para el equipo que desgasta como ola en la roca; un aguijón fino que tiene diversas procedencias y un único antídoto.
La procedencia del ruido parece evidente, con algunos matices si se trata de equipos en fase formativa o bien se trata de equipos seniors. Nos referimos a la afición, los padres, la directiva, la prensa, pero sobre todo, y el más dañino de los ruidos, el ruido de dentro, ese que provoca la insatisfacción personal, la distancia con las expectativas u objetivos, la falta de confianza, la frustración mal gestionada, el protagonismo de los egos… Está demostrado que todo ello termina por demoler el propósito común.
Pero existe un antídoto para ese ruido que amenaza el proyecto, un factor que puede dotar de mayor consistencia a los equipos: la PRESENCIA.
  
FUNDAMENTOS de la PRESENCIA:
·  La presencia es la capacidad de la persona para estar por entero en la acción.
·  La presencia se nutre de atención y concentración.
·  La presencia añade la mayor calidad a la tarea encomendada.
·  Unos de los mayores logros del entrenador es obtener la presencia de un jugador; el mayor logro es obtenerla de todo el equipo.
·  Un equipo con presencia no cae; tienen que derribarlo.

NIVELES de PRESENCIA:
Para que la PRESENCIA llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el deportista y el EQUIPO, debe alcanzar el cuarto nivel. ¿Quieres conocerlos?:
Nivel 1: ATENCIÓN. Es la habilidad para darse cuenta de dónde estás, con quiénes estás y para qué estás…
Nivel 2: CONCENTRACIÓN. Es la capacidad de poner en el momento presente toda tu persona, sin que nada de lo que pueda distraerte alcance a conseguirlo.
Nivel 3: COMPROMISO. Es la decisión, el impulso irrefrenable de poner al servicio del objetivo común toda tu concentración, toda tu presencia.
Nivel 4: LIDERAZGO. Es el don personal para contagiar al equipo, para provocar en él su mejor y más óptimo rendimiento, que solo puede llegar a alcanzarse desde una absoluta presencia.
Para merecer formar parte de un equipo, todo deportista debe alcanzar -al menos- el nivel 3, pues depende sí mismo, de su decisión y su trabajo constante. El nivel 4 está reservado para algunos deportistas, aquellos que solo estando ya marcan la diferencia e imprimen ese sello inconfundible del alma competitiva.
  Experimenta ahora tú, entrenador, los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la PRESENCIA. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Entrena tu mente; entrena tu corazón. ¡Provoca ATENCIÓN, genera PRESENCIA, estimula el COMPROMISO, reconoce y proyecta LIDERAZGO!

La fortaleza como factor mental y emocional.

“La fuerza que yo busco no es aquella que te lleva a perder o ganar. Lo que yo deseo es una fuerza que me permita ser capaz de recibir todo cuanto proceda del exterior y resistirlo”
Haruki Murakami
         El paso de las jornadas reflejan quiénes hemos sido hasta ahora, cómo hemos entrenado o en qué tipo de equipo nos estamos convirtiendo. Lo cierto es que la temporada de entrenamientos y competición no deja de ser una fotografía dinámica, en la que los colores van cambiando, los contornos se van transformando y –lo más importante- sus personajes van reflejando la huella que la temporada va dejando en ellos. Nadie escapa al impacto que la temporada va ejerciendo en deportistas y equipos, de ahí que sea la FORTALEZA un factor decisivo en el transcurso del año.

OBJETIVO: Profundizar en la FORTALEZA desde su dimensión mental y emocional como factor de equilibrio, resistencia e impulso.

DESCRIPCIÓN…
A menudo se asocia la FORTALEZA a algo parecido a un escudo humano que repele todo lo que amenaza con desestabilizarnos; también con el arma que dispara con precisión y contundencia sobre los objetivos marcados. Y puede que sea algo así, pero, en todo caso, no podemos reducirlo a ese significado o atribuirle esas únicas funciones.
El factor de la FORTALEZA hace un recorrido que comienza desde la percepción y análisis de nuestras debilidades, de la toma de conciencia de nuestro ser vulnerable y frágil, hasta el modo en el que podemos construir esa fortaleza, tanto personal como de equipo. Descubrir y conocer nuestras debilidades nos ayuda a alcanzar una fortaleza más auténtica.
Ciertamente, la fortaleza es mucho más que un escudo protector o un arma de precisión milimétrica. Así, ser fuerte no consiste en construir un férreo escudo, sino en habilitar unos canales por los que integrar convertir toda la energía que recibimos. Ser fuerte es convertirte en un generador de energía que tiene la habilidad de aprovecharla y transformarla. En esa capacidad para aceptar la energía entrante y regenerarla para tu beneficio y el de tu equipo consiste la fortaleza mental y emocional.

HABILIDADES necesarias que debe fomentar el entrenador...
Para que la FORTALEZA mental y emocional llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el deportista y el EQUIPO, requiere de:
·         Reflexión. Pocas habilidades tan educativas y formativas en el deporte como la capacidad de contemplación y reflexión. El deportista que deja espacio al análisis siempre tendrá abierto su margen de mejora. También es un hábito que puedes proporcionarle tú. ¡Qué participen de las posibles soluciones!
·         Provocación. Incita a mirar adentro para que encuentren el beneficio de sentirse frágiles; la conciencia de la propia vulnerabilidad es el principio primordial de la fortaleza mental y emocional. Provoca y consigue. ¡Contribuye a que se miren cara a cara, con naturalidad, sus debilidades! Empezarán, sin notarlo, a ser más fuertes en lo personal y lo colectivo.
·         Activación. Elabora una lista de todas las debilidades sin miedo alguno; genera esa conciencia personal y colectiva. Las llamamos por su nombre y tratamos de compartir las emociones que nos produce mirarlas a la cara. Hemos llegado al umbral mínimo necesario.
·         Redirección. Les hacemos ver que, en la mayor parte de las ocasiones, todo forma parte de una falsa creencia que hemos ido alimentando con el tiempo y la autocensura. Invítales a recuperar cuándo se sintieron fuertes en ese aspecto. Alguna vez lo fueron y lo consiguieron.

COMPETENCIAS o CAPACIDADES que el deportista consigue…
La FORTALEZA fomenta en la persona una serie de competencias o capacidades que no solo le serán muy útiles en su práctica deportiva, sino que se transferirán y extenderán al conjunto de su vida, cualesquiera que sean sus circunstancias. Alguna de las competencias que genera la FORTALEZA son:
·         Humildad. La verdadera fortaleza no se traduce luego en la superioridad, sino en la colaboración, porque se ha construido desde la conciencia de la fragilidad y la debilidad personal.
·         Confianza. No repara en los posibles errores ni se atranca en bloqueos absurdos. El error forma parte del deporte y la vida. Se está convencido de hacerlo lo mejor posible siempre.
·         Superación. No importa tropezar, caer, perder, “fracasar”… Solo son expresiones inexactas y paralizantes de la competición. Como entrenador traduce todo ese lenguaje oscuro dentro del proceso y abórdalo como oportunidad, no como resultado final.
·         Resistencia. La FORTALEZA te enseña que no siempre es mejor llegar pronto, sino en el momento preciso; que no siempre es mejor llegar antes, sino juntos; que , como equipo, nunca es mejor llegar solo, sino juntos.


Experimenta ahora tú, entrenador, los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la FORTALEZA. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Puede que la fortaleza mental y emocional no arranque los aplausos de una grada o tenga una clasificación como la de máximos goleadores, pero recuerda que hay factores imperceptibles que juegan. Entrena tu mente; entrena tu corazón. ¡Genera esa FUERZA en ti y tu equipo! 

"El 7". Aquel que ha elevado a talento el instinto.

“Lo que más marcó en el club fue su carácter.
Tenía inteligencia interior”
Jorge Valdano
         Todo comenzó con una decisión del entrenador, Jorge Valdano. Quién sabe qué pesó más en ese momento, si la confianza en un chaval algo desgarbado que pedía paso a golpe de un acierto y una confianza casi insolentes, o más bien el mensaje hacia un grupo en el que asomaba el fantasma de la apatía. El caso es que un 29 de octubre, en La Romareda, pisó el césped zaragozano aquel niño que parecía estar a punto de romperse entre zancadas asimétricas y movimientos impulsivos.
         Y una semana después sucedió lo inevitable; aquello que había sido presagio y que -como quien esperase una cita mayor- ya nada ni nadie pudo reprimir. Era una noche algo fresca, pero en la que el otoño aún permitía la manga corta en el Bernabeu. Corría el minuto 36 de un partido disputado entre merengues y colchoneros. Laudrup avanza desde la medular del centro del campo, dejándose caer ligeramente hacia la banda izquierda con el balón pegado al pie. Zamorano marca el movimiento de desmarque que arrastra y desorienta a la defensa atlética. Y entonces, llegando desde la derecha y buscando el área como quien intuye la presa cercana, aparece un depredador con los colmillos afilados y una carrera enfurecida, con un hambre tan voraz que toda resistencia pareció inexistente. Tras una mágica asistencia con el exterior de su compañero, aquel animal futbolístico puso el balón allí donde habita lo inaccesible para el cancerbero, como quien apunta y da con el lugar donde los depredadores ponen el colmillo para asestar su mortífero y definitivo mordisco…
        Así entró Raúl en la sabana de este caprichoso y bendito deporte. Él no estará en la lista de los mejores cinco futbolistas del mundo, porque en esos parámetros, además, los hay mejores. Pero tampoco parece necesitarlo Raúl para sentirse futbolista y ser feliz siéndolo; ni mucho menos para haber transmitido a tantos jóvenes que ahora se están formando o quieren ser futbolistas una de las mejores lecciones posibles: hay que amar mucho lo que haces para poder llegar lejos; hay que sentir tanta pasión por lo que haces que solo tienes oídos para escuchar el ruido del trabajo que día a día te lleva a esa estación que te acerca cada vez más a tu destino.

         Instinto, sobre todo instinto, pero también otros factores, tales como la voluntad, la disciplina, la pasión, la calidad, o el talento. Veinte años después de su estreno, en “el 7” descubrimos al futbolista que, con su trabajo infatigable, ha elevado a talento el instinto; descubrimos al futbolista que incluso estuvo por encima de su cuerpo. Y es que cuando la inteligencia logra canalizar el instinto surge y se desata el genio. Y sí, quizá Raúl no tenía nada especial, no había un aspecto por el que pudiéramos reconocer su talento; era su inconfundible todo, esa manera tan terca y audaz de reunir lo más valioso de sí lo que ha conseguido hacer como pocos.

La motivación como factor mental y emocional.

“Te convertirás en alguien tan pequeño como el deseo que te controle; y en alguien tan grande como sea tu aspiración dominante”
James Allen
         La competición ya echó a andar hace semanas y tanto tú como el equipo habéis recorrido el camino suficiente como para revisar la calidad y la consistencia de vuestros pasos. El hecho de haber afrontado las primeras jornadas te concede la oportunidad inmejorable de calibrar tus motivos; de valorar si tus objetivos son proporcionados, o si tus valores se están mostrando en cada entrenamiento y cada partido de competición.

OBJETIVO: Descubrir la MOTIVACIÓN natural de tu EQUIPO para vincularla a los objetivos marcados.

FACTOR: MOTIVACIÓN.

DESCRIPCIÓN…
La MOTIVACIÓN es el motor de la persona. Se trata de todo aquello que es combustible para la acción; se trata de las razones que tejen nuestro impulso y hacen que se extiendan a lo largo del tiempo. Sin razones no hay arranque, y sin motivos no hay camino que te conduzca a la meta exigente. La energía del ser humano se encuentra provista de motivación
Identifica tu motivación, una es extrínseca y proviene de factores externos que no dependen de ti; otra es intrínseca y se encuentra dentro de ti, en ese espacio en el que hayas alojado todos tus motivos y cada una de tus razones. Toda motivación suma, pero debemos ser conscientes de que no todas son combustible de la misma calidad.
Así. la elección del canal de nuestra motivación es tarea fundamental, tanto como construir un recia interioridad en los deportistas, un espíritu desde el que proyectar la acción y también donde dirigir los imputs competitivos.

HABILIDADES necesarias que debe fomentar el entrenador...
Para que la MOTIVACIÓN llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el deportista y el EQUIPO, requiere de:
·         Reflexión. Pocas habilidades tan educativas y formativas en el deporte como la capacidad de contemplación y reflexión. El deportista que deja espacio al análisis siempre tendrá abierto su margen de mejora. También es un hábito que puedes proporcionarle tú. ¡Haz que tu grupo participe de las posibles soluciones!
·         Provocación. Incita a mirar adentro para que busquen razones y motivos por los que entrenar y competir; y también para los que destinar el mejor esfuerzo. Provoca y consigue. ¡Estimula para que encuentren y construyan motivos!
·         Activación. Tienes en tu mano la posibilidad de reunir todos los motivos de tu equipo cada vez que lo veas necesario, incluso recordar alguno de ellos en determinados entrenamientos o partidos para provocar la energía y la acción más limpia, intensa y concentrada.
·         Redirección. Los resultados son la expresión necesaria de toda competición, medición con frecuencia inexacta de tu esfuerzo y el de todo el equipo. Ante el trato desfavorable de los tanteos acude de vez en cuando a sus motivos más esenciales para sostener el rendimiento y evitar su caprichosa curva emocional.

COMPETENCIAS o CAPACIDADES que el deportista consigue…
La MOTIVACIÓN fomenta en la persona una serie de competencias o capacidades que no solo le serán muy útiles en su práctica deportiva, sino que se transferirán y extenderán al conjunto de su vida, cualesquiera que sean sus circunstancias. Alguna de las competencias que genera la MOTIVACIÓN son:
·         Convicción. La motivación es fuerza motriz. Cuando la persona la descubre o la construye, sus pasos no son forzados, y todo movimiento comienza desde donde debe hacerlo para que dure, desde dentro de la persona.
·         Implicación. Si los motivos se encuentran vinculados a los valores personales del deportista, lo tienes todo de él o ella. Su mejor versión se encuentra tan cerca o tan lejos como la alineación entre sus valores y los motivos que lo movilizan. Si te paraste a conocerlos y compartirlos, tendrás al deportista en la mejor rampa de lanzamiento posible.
·         Superación. No hay tantos límites; casi todo lo que afrontamos y gestionamos son obstáculos. La superación será valor y capacidad de tus deportistas si sus motivos son realmente inspiradores. Ayuda a que lo sean. ¡Siempre más!
·         Resistencia. Dime tus motivos y te diré tus metas. No hay desierto infranqueable, sino motivos inconsistentes. La motivación genera resistencia, durabilidad, capacidad de sufrimiento.

Experimenta ahora tú, entrenador, los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la MOTIVACIÓN. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Puede que la motivación no efectúe regates sorprendentes o asista a un compañero desmarcado, pero recuerda que hay factores imperceptibles que juegan. Entrena tu mente; entrena tu corazón. ¡MOTIVA!