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La mente se entrena; la mente juega. (Sobre Iron MInd, de Enhamed Enhamed).

“Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma”.
Karl Jung.
       Decisión, voluntad, disciplina, resistencia, algo de rebeldía y –por supuesto- toda la quebradiza confianza que el ser humano puede reunir para alcanzar los retos que se propone. Seguro que no es lo único valioso que encontramos en su lectura, pero sí la síntesis que he podido encontrar en Iron Mind, un libro excepcionalmente visual con el que Enhamed Enhamed nos regala sus experiencias y emociones.
Hay momentos a lo largo de las páginas del libro en las que predomina la realidad del atleta, el descubrimiento del deporte, la aproximación al mundo vibrante de la competición, la explosión del talento personal, e incluso la frustración por las decepciones y esa montaña rusa emocional a la que se someten los deportistas de élite. Ayuda el sensato realismo con el que Enhamed traza la línea de su experiencia vital.
Pero también encontramos no pocos renglones en los que sobrevuela sobre el deportista el coach apasionado y sencillo, el “soplador de brasas” que provoca e inspira a cuantos se acercan o avistan su carismática estela. En cualquier caso, con independencia de cómo queramos verlo, se encuentra siempre presente la persona y ese poder de atracción casi magnético que destila Enhamed en cada esquina de Iron Mind.
Mucha vida y mucha energía, también cierta dosis de humor que se agradece, sin caer por ello en la trampa que el ejercicio de la superación suele provocar en quienes la viven y salen irremediablemente cambiados por ello. Lo bueno, en este caso –así lo veo-, es que no parece entregarse el autor al tópico del deportista que vive para contarlo, sino al que decide contarlo –más bien- para que otros se sientan empujados a vivirlo.
No hay lección ni magisterio al uso que se entregue al lector cómodo y deseoso de respuestas, pero sí encontramos preguntas; muchas preguntas que terminan zarandeando el espíritu adormecido del lector. Advertimos en sus páginas la presencia de ese saboteador interno con el que convivimos y saboreamos una certeza que revela la experiencia de Enhamed: “El éxito está en tu mente”.

Después de todo, no hay meta final; cada una de las llegadas no dejan de ser el punto de partida del siguiente reto que establecemos, de la siguiente conquista que emprendemos, de la siguiente revelación que descubrimos. No hay meta definitiva, sino un necesario punto de apoyo vital que nos impulsa hasta otro. ¡Buena lectura!

De la arena al cielo. Estampa emocional de 6 años de fútbol y VIDA.

"Los retos hacen que la vida sea interesante. 
Superarlos es lo que hace que tenga sentido"
Ralph Waldo Emerson
     El cielo no viene, ni te lo traen; el cielo se construye, se conquista y reconquista palmo a palmo. El cielo no te toca por azar, porque si no, no es cielo. El cielo lo sueñas primero; luego lo buscas, lo provocas, lo creas y, por fin, tras mucho esfuerzo, lo descubres y lo disfrutas con quienes se dejaron la piel y hasta parte del alma para tratar de alcanzarlo.
         Esa es la historia de estos últimos seis años de fútbol en Linares; seis años que bien podrían sintetizar el espíritu de una ciudad transferido a un club de fútbol. Sí, esta entrada en el blog -como lees- no va a tener a una superestrella como protagonista o una noticia de impacto global, pero por eso precisamente resulta valiosa. Se trata, tan solo, de un humilde club de fútbol que hace seis años se encontraba en la última de las categorías de este deporte, arrastrando condena por algún que otro campo de arena de poblaciones que aún mantienen al fútbol alejado de los focos mediáticos e incluso del abrazo sintético de hierba.
         Y no; no hay desierto lo suficientemente largo para el alma competitiva. Crecer, al fin y al cabo, es tener plena conciencia de que el paso que ahora das es el que, de alguna manera –a veces caprichosa- te acerca a tu objetivo; progresar, después de todo, tiene que ser algo parecido a sentir que avanzas como has proyectado hacerlo y, por supuesto, con quienes has decidido hacerlo.
         Para muchos amigos, conocidos, seguidores e incluso críticos, Castellón y Castalia es hoy –y así quedará en su memoria colectiva adornada por incontables cicatrices- el cielo del que no quieren ya bajar, el sueño del que no desean despertar. Y bien que lo merecen. Por muchas razones, está demostrado que un equipo es su afición. Ella es la que permanece, la que exige, anima, levanta, llora, ríe, se queda; ella es la que tiene tatuado su escudo en el alma con tinta que ni siquiera el tiempo borra. El fútbol, su gestión deportiva y administrativa, hacen que los equipos coqueteen con diferentes categorías a lo largo de su historia. El Linares no es ajeno a esta realidad, como tampoco es ajeno a una realidad insoslayable en el mundo del deporte: la afición es lo único que mantiene inalterada su categoría mientras los avatares del destino van dictando sentencias de gloria o sentencias de muerte. La afición...
         Conviene despertar de esa pesadilla que ha tenido el mérito de hacer más fuerte al club, al equipo. Conviene despertar, para poner los pies en la tierra y pisar con la fuerza y la sabiduría de quienes traen varias guerras en el corazón e incontables batallas en el cuerpo. Vienen y vendrán más batallas deportivas, y vendrán para probar ese espíritu transgresor y provocativo; ese ardor competitivo inconfundible que siempre, como sello indeleble, ha caracterizado al Linares en cada una de sus etapas.

         Y llegó por fin el principio del sueño. Con una certeza clara para todos los que iniciamos este camino. De la arena al cielo cubrimos la distancia que existe entre el fago y nuestros sueños, ese espacio necesario que da para disfrutar de la única gloria posible, la de sentir por un momento que tus latidos se encuentran perfectamente sincronizados con el reloj de la vida, allí donde realidad y deseo cruzan sus caminos y entonces –solo entonces- todo se detiene. ¡Grande el Linares! ¡Enhorabuena a todos!

"El 7". Aquel que ha elevado a talento el instinto.

“Lo que más marcó en el club fue su carácter.
Tenía inteligencia interior”
Jorge Valdano
         Todo comenzó con una decisión del entrenador, Jorge Valdano. Quién sabe qué pesó más en ese momento, si la confianza en un chaval algo desgarbado que pedía paso a golpe de un acierto y una confianza casi insolentes, o más bien el mensaje hacia un grupo en el que asomaba el fantasma de la apatía. El caso es que un 29 de octubre, en La Romareda, pisó el césped zaragozano aquel niño que parecía estar a punto de romperse entre zancadas asimétricas y movimientos impulsivos.
         Y una semana después sucedió lo inevitable; aquello que había sido presagio y que -como quien esperase una cita mayor- ya nada ni nadie pudo reprimir. Era una noche algo fresca, pero en la que el otoño aún permitía la manga corta en el Bernabeu. Corría el minuto 36 de un partido disputado entre merengues y colchoneros. Laudrup avanza desde la medular del centro del campo, dejándose caer ligeramente hacia la banda izquierda con el balón pegado al pie. Zamorano marca el movimiento de desmarque que arrastra y desorienta a la defensa atlética. Y entonces, llegando desde la derecha y buscando el área como quien intuye la presa cercana, aparece un depredador con los colmillos afilados y una carrera enfurecida, con un hambre tan voraz que toda resistencia pareció inexistente. Tras una mágica asistencia con el exterior de su compañero, aquel animal futbolístico puso el balón allí donde habita lo inaccesible para el cancerbero, como quien apunta y da con el lugar donde los depredadores ponen el colmillo para asestar su mortífero y definitivo mordisco…
        Así entró Raúl en la sabana de este caprichoso y bendito deporte. Él no estará en la lista de los mejores cinco futbolistas del mundo, porque en esos parámetros, además, los hay mejores. Pero tampoco parece necesitarlo Raúl para sentirse futbolista y ser feliz siéndolo; ni mucho menos para haber transmitido a tantos jóvenes que ahora se están formando o quieren ser futbolistas una de las mejores lecciones posibles: hay que amar mucho lo que haces para poder llegar lejos; hay que sentir tanta pasión por lo que haces que solo tienes oídos para escuchar el ruido del trabajo que día a día te lleva a esa estación que te acerca cada vez más a tu destino.

         Instinto, sobre todo instinto, pero también otros factores, tales como la voluntad, la disciplina, la pasión, la calidad, o el talento. Veinte años después de su estreno, en “el 7” descubrimos al futbolista que, con su trabajo infatigable, ha elevado a talento el instinto; descubrimos al futbolista que incluso estuvo por encima de su cuerpo. Y es que cuando la inteligencia logra canalizar el instinto surge y se desata el genio. Y sí, quizá Raúl no tenía nada especial, no había un aspecto por el que pudiéramos reconocer su talento; era su inconfundible todo, esa manera tan terca y audaz de reunir lo más valioso de sí lo que ha conseguido hacer como pocos.

La motivación como factor mental y emocional.

“Te convertirás en alguien tan pequeño como el deseo que te controle; y en alguien tan grande como sea tu aspiración dominante”
James Allen
         La competición ya echó a andar hace semanas y tanto tú como el equipo habéis recorrido el camino suficiente como para revisar la calidad y la consistencia de vuestros pasos. El hecho de haber afrontado las primeras jornadas te concede la oportunidad inmejorable de calibrar tus motivos; de valorar si tus objetivos son proporcionados, o si tus valores se están mostrando en cada entrenamiento y cada partido de competición.

OBJETIVO: Descubrir la MOTIVACIÓN natural de tu EQUIPO para vincularla a los objetivos marcados.

FACTOR: MOTIVACIÓN.

DESCRIPCIÓN…
La MOTIVACIÓN es el motor de la persona. Se trata de todo aquello que es combustible para la acción; se trata de las razones que tejen nuestro impulso y hacen que se extiendan a lo largo del tiempo. Sin razones no hay arranque, y sin motivos no hay camino que te conduzca a la meta exigente. La energía del ser humano se encuentra provista de motivación
Identifica tu motivación, una es extrínseca y proviene de factores externos que no dependen de ti; otra es intrínseca y se encuentra dentro de ti, en ese espacio en el que hayas alojado todos tus motivos y cada una de tus razones. Toda motivación suma, pero debemos ser conscientes de que no todas son combustible de la misma calidad.
Así. la elección del canal de nuestra motivación es tarea fundamental, tanto como construir un recia interioridad en los deportistas, un espíritu desde el que proyectar la acción y también donde dirigir los imputs competitivos.

HABILIDADES necesarias que debe fomentar el entrenador...
Para que la MOTIVACIÓN llegue a convertirse en un valor activo y productivo (=FACTOR) en el deportista y el EQUIPO, requiere de:
·         Reflexión. Pocas habilidades tan educativas y formativas en el deporte como la capacidad de contemplación y reflexión. El deportista que deja espacio al análisis siempre tendrá abierto su margen de mejora. También es un hábito que puedes proporcionarle tú. ¡Haz que tu grupo participe de las posibles soluciones!
·         Provocación. Incita a mirar adentro para que busquen razones y motivos por los que entrenar y competir; y también para los que destinar el mejor esfuerzo. Provoca y consigue. ¡Estimula para que encuentren y construyan motivos!
·         Activación. Tienes en tu mano la posibilidad de reunir todos los motivos de tu equipo cada vez que lo veas necesario, incluso recordar alguno de ellos en determinados entrenamientos o partidos para provocar la energía y la acción más limpia, intensa y concentrada.
·         Redirección. Los resultados son la expresión necesaria de toda competición, medición con frecuencia inexacta de tu esfuerzo y el de todo el equipo. Ante el trato desfavorable de los tanteos acude de vez en cuando a sus motivos más esenciales para sostener el rendimiento y evitar su caprichosa curva emocional.

COMPETENCIAS o CAPACIDADES que el deportista consigue…
La MOTIVACIÓN fomenta en la persona una serie de competencias o capacidades que no solo le serán muy útiles en su práctica deportiva, sino que se transferirán y extenderán al conjunto de su vida, cualesquiera que sean sus circunstancias. Alguna de las competencias que genera la MOTIVACIÓN son:
·         Convicción. La motivación es fuerza motriz. Cuando la persona la descubre o la construye, sus pasos no son forzados, y todo movimiento comienza desde donde debe hacerlo para que dure, desde dentro de la persona.
·         Implicación. Si los motivos se encuentran vinculados a los valores personales del deportista, lo tienes todo de él o ella. Su mejor versión se encuentra tan cerca o tan lejos como la alineación entre sus valores y los motivos que lo movilizan. Si te paraste a conocerlos y compartirlos, tendrás al deportista en la mejor rampa de lanzamiento posible.
·         Superación. No hay tantos límites; casi todo lo que afrontamos y gestionamos son obstáculos. La superación será valor y capacidad de tus deportistas si sus motivos son realmente inspiradores. Ayuda a que lo sean. ¡Siempre más!
·         Resistencia. Dime tus motivos y te diré tus metas. No hay desierto infranqueable, sino motivos inconsistentes. La motivación genera resistencia, durabilidad, capacidad de sufrimiento.

Experimenta ahora tú, entrenador, los beneficios MENTALES y EMOCIONALES que aporta trabajar de manera específica y/o integrada el FACTOR de la MOTIVACIÓN. No olvides que un equipo es un sistema, un organismo vivo que merma o crece con cada movimiento que realiza. Puede que la motivación no efectúe regates sorprendentes o asista a un compañero desmarcado, pero recuerda que hay factores imperceptibles que juegan. Entrena tu mente; entrena tu corazón. ¡MOTIVA! 

Un maratoniano en la Subbética. Zancadas y emociones.

   "Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo, y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa".
Mahatma Gandhi.
 Como suele ser ya costumbre, apagué la alarma unos minutos antes de que sonara, esta vez a las 5:30 horas. Tras un desayuno generoso agarré la mochila y me dirigí al coche para poner rumbo a Lucena. Después de unos tres meses y medio de intensa preparación, el maratón de la Vías Verdes de la Subbética se acercaba entre las últimas sombras de la noche y una ventisca que arrojaba agua como quien arroja una carga pesada para por fin respirar. Todo parecía un presagio de la dureza que esperaba.
         6:45 horas. Recogida de dorsal en la coqueta plaza de toros lucentina, aún en los brazos claudicantes de una oscuridad que parecía resistirse a abandonarnos. Y, después de esperar un rato, al autobús que desplazaba a los participantes del maratón al punto de salida, Luque. Las nubes bajas y la niebla no se lo ponían precisamente fácil a la claridad que empezaba a asomarse al día. A lo largo del trayecto podíamos ver buena parte del trazado que íbamos a recorrer. Concentración, silencio, y algún comentario que rompía de vez en cuando ese momento casi sagrado para muchos corredores.
         9:00 horas. Salida desde la Plaza de España de Luque. Temperatura buena, algo fresca, pero agradable para emprender los algo más de 42 km que se nos abrían entre parajes y vistas hermosas, serpenteando la sierra subbética cordobesa y teniendo las estaciones de tren de la antigua vía como algo más que meros puntos de avituallamiento. Las estaciones de Luque, Doña Mencía o Cabra conservan esa rica esencia de aquellos lugares de estampa costumbrista y nostálgica belleza.
     Toda maratón es exigente, con independencia de su perfil, incluso de la preparación que lleves. Toda maratón es durísima para quien entrega todo lo que tiene, y aún no conozco el maratoniano que al cruzar la meta no se haya vaciado hasta quedarse en la reserva. Sí, vacío; vacío de energía, de fuerza… Vacío fisiológicamente, pero también vacío emocionalmente. Algunas de las inconfesables lágrimas que no pocos corredores de fondo derraman en los instantes finales lo hacen con el sereno pudor de quien ha tocado el límite y no se avergüenza de ello; de quien exprimió todo el zumo hasta romper la cáscara que somos y sentir esa amenaza punzante que ya horada la carne.
No hay más secreto en su poder adictivo. Resulta paradójico escribir este artículo un día después de que se haya pulverizado el récord del mundo de maratón. Y es que no se trata de un tiempo, tampoco de una posición, ni siquiera de un aplauso lleno de reconocimiento a lo largo del recorrido. De hecho, creo que el maratoniano no tiene más ni menos mérito que cualquier otra persona que, de una u otra forma, prueba el trago -siempre inclasificable- del esfuerzo máximo.
Al principio te sientes ágil y fuerte; todo es rodar y esperar. Pero de pronto llegas al kilómetro 30 y te preguntas “¿Qué hago aquí?, ¿qué sentido tiene todo este esfuerzo?... Entonces superas el 34 sintiéndote caer… “Este es el último; tengo bastante”… Los metros se hacen kilómetros y cuando llegas al 40 es el alma la que te empuja, un despojo de ti, de tus fuerzas, de tus emociones, tu humanidad desnuda y desvalida, probada y retada; el vacío, porque ya ni siquiera escuchas tus pensamientos… “Este va por ti…” Se acerca el 42 y oyes cadenas de aplausos en la meta; ahora un frío distinto a todos te abraza y te empuja en los últimos metros… Ese llanto sereno y escondido es la primera y más valiosa carga que tu nuevo ser llena en su palpitante y reconstituyente vacío. A veces me da por pensar que el maratón se parece, y no poco, a la vida...

"El fracaso es no intentarlo". Diario de un coach.

“No es su dureza o su comodidad, su estrechez o su anchura;
lo que hace bueno al camino es el hecho
de que sea tuyo y te conduzca a tu destino”.
Terminamos su proceso personal de coaching hace ya algún mes. Pero aún tengo su fuerza dentro de mí, pegada en las paredes porosas de mi corazón. Bendita vocación la de trabajar la mejora de las personas. Él se reconocerá al leerlo. Lo llamaré Treeman. Y dejo las evidentes connotaciones para ti, lector.
Treeman se mostraba desde el principio contemplativo, resuelto, correcto en el trato y cercano en la conversación; se veía seguro de sí mismo pero al mismo tiempo expectante ante la imprevisible experiencia de trabajar por vez primera con un coach. Por lo que pude compartir en los diferentes retornos que fuimos haciendo, fueron unas sesiones intensas en su conjunto, serenas y exigentes, donde el componente retador sobrevolaba en las miradas, las preguntas, las palabras, los silencios… Treeman terminó de cerrar un objetivo; afrontó sus miedos y temores con el que se limitaba; surcó para ello el territorio inhóspito de sus sombras y desafió por fin a aquellas dudas que, por muy distintas y variadas razones, todos tenemos como desierto árido que cruzar. Y después de unos pocos meses llegó la última sesión junto al coach.
El escenario elegido para esa sesión final fue distinto, inesperado. Un espacio potenciador e inspirador para Treeman. Un par de días antes le envié un mensaje para quedar en un parque y comenzar desde allí 1 hora de running. Así terminaría su proceso, nuestro proceso. Allí donde ciertamente se reconocía en un hábitat placentero, motivador, activador…
Al principio fue un trote suavemente; sí, por delante toda una hora para compartir sensaciones entre preguntas, silencios, respuestas, pensamientos… Conversamos sobre la marcha de sus miedos, de su temor a caer y fracasar, y lo hicimos al ritmo de zancadas, donde Treeman se sentía verdaderamente potenciado y cómodo. Esa niebla gris con la que el miedo suele envolver y acariciar a las personas parecía disipada por momentos. Treeman, sin ni siquiera ser preguntado, propulsaba palabras sobre sus experiencias y vivencias… No había filtro emocional ni mental… Se emocionaba al revisar su vida; nos emocionábamos al ritmo de pisadas que parecían precipitarse y acelerarse en un cadencioso y ascendente ritmo.
-El fracaso es no intentarlo -se repetía convencido, convenciéndose.
Asiento sin articular palabra; sólo permanezco a su lado corriendo al ritmo que marcaba…Mis gafas de sol me permitían parecer neutral en la batalla que él libraba por dentro y me regalaba, pero estaba entregado entre un ejército de emociones dispuestas a saltar de la trinchera de los ojos. (-Tranquilo -me repetía en mi lucha interior para no acaparar el momento).
         Entonces comenzamos a dialogar sobre el presente, sobre el modo en el que a partir de ahora abordar la vida personal y profesional… y ahí se volcó sin que tampoco en esta ocasión me concediera la oportunidad de intervenir; ni yo lo pretendía ni él lo necesitaba. Su crecimiento, sin duda, ha sido espectacular porque él lo ha querido, sentido, protagonizado, luchado y proyectado. Presencia, consciencia, inspiración, ilusión… sintetizan  el trabajo de estas semanas para Treeman, pero también para mí, por supuesto. Es el regalo que me deja cosido con el hilo de las emociones…
        No queda nada, ha pasado la hora como pasa una brisa, suave, imperceptible, reconfortante. El reloj da la señal, nos miramos y paramos, pero nuestra mente, nuestro corazón ya no se detienen; quieren más… y lo van a tener. Nos despedimos con un abrazo y hay una emoción que evita cualquier otra despedida convencional.
-¿Todo bien?, ¿y ahora…? -pregunto.
-Ahora todo –responde mirándome a los ojos y estrechándonos en un abrazo que nos hizo más humanos, más fuertes.

Una convicción y una experiencia. Hay poca energía tan transformadora y reportadora de vibraciones positivas como aquella que logras introducir en el canal desbordante de la VIDA. Libera tanta atadura a esa VIDA. Gracias, Treeman, por tus raíces profundas y tu sombra reconfortante. ¡Seguimos!

#RetoPDC2014. Una experiencia educativa.

“No mires hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo,
sino alrededor con atención”.
J. Therker
Entramos en la meta de la mano, porque todo el curso no ha dejado de ser precisamente un mano a mano para encontrar motivos, descubrir razones y compartir emociones que nos acercaran al objetivo que hemos compartido. La cuenta atrás decidimos comenzarla cuando quedaban 124 días, una cifra ya mágica para cada uno de nosotros.
El #RetoPDC2014 ha sido toda una experiencia vital que han protagonizado un grupo de alumnos de ESO adscritos al Programa de Diversificación Curricular de mi cole, y que he tenido la fortuna de acompañar como profesor del ámbito socio-lingüístico, pero, sobre todo, como coach y... compañero de equipo. Para quienes no estéis relacionados con el mundo de la educación, debéis saber que se trata de un Programa de Estudios orientado a un tipo de alumnado muy concreto, que debe cumplir una serie de requisitos, resumidos en dos fundamentalmente:
1. La dificultad para alcanzar los objetivos que les permitan conseguir su titulación en ESO.
2.  Y su interés, sin embargo, en hacerlo posible. Para todo ello, se adapta el currículo, se flexibilizan los contenidos, sin dejar de trabajar los objetivos generales.
Ellos saben perfectamente que no han sido los mejores estudiantes de la etapa; que no siempre aprovecharon el tiempo lo mejor que pudieron; o que les cuesta llegar a ciertos niveles de exigencia que otros compañeros alcanzan. Pero ellos curran ahora como auténticos campeones y -como tantos otros- tienen sus días buenos y también sus días… mejores (jajaja). Eso sí, estoy convencido -antes de que ocurra- que van a obtener, a pesar de todo, su título de graduado en ESO, y esa será su victoria completa ahora.
Han sido 124 días de auténtico aprendizaje para cada uno de nosotros. El #RetoPDC2014 ha consistido en preparar una carrera de 5 km, con entrenamientos planificados semanalmente, adaptados a su situación y revisados cada lunes. La voluntad, la disciplina, el esfuerzo, la constancia, la superación, entre otros valores, han sido nuestros compañeros de camino estas inolvidables semanas. La comunicación entre nosotros, la posibilidad de dedicar un tiempo a descubrir y compartir sensaciones personales en grupo ha sido estimulante en todas las dimensiones: mental, emocional, física... Íbamos descontando día a día como quienes saltan vallas o salvan el peldaño de una larga escalera; constancia, tiempo, paciencia...; y las semanas volaban hasta que -por fin- llegó el momento; el día y la hora. Sábado, 31 de mayo. Montilla, 22:00 horas. XI Carrera Popular “María Auxiliadora”.
El #RetoPDC2014 fue posible por muchos factores. Ellos –Ángel, Jorge, Abrahán y Antonio- han demostrado algo realmente valioso para muchos de sus compañeros y profesores; algo que tiene un valor fundamental; algo que nos queda –por lo menos, a mí- como su mejor lección, sintetizada en estas claves:
1.   Ser conscientes de que hay cosas que CAMBIAR en ti y la necesidad de hacerlo ¡YA!
2. Quererlo, desear el cambio. COMPROMETERTE día a día con él, hasta cuando creas que cuesta tanto que no está hecho para ti. Entonces necesitas descubrir que realmente se trata de una falsa creencia. Vas a poder; vamos a poder.
3. Experimentar la DIFICULTAD; mirarla a la cara. Probar el miedo y la posibilidad –como en otras cosas- de rendirte y… ¡NO HACERLO!
4.   Vivir la fuerza inspiradora del grupo. Sentir la responsabilidad de construir un EQUIPO, ser y sentirte parte de él. El equipo sostiene en los peores momentos.
5.   Sentirte orgulloso de tu mejor ESFUERZO. Repetirte que el verdadero logro no es llegar, es la manera de hacerlo, esa que te hará soñar con otros desafíos y muestran tu forma de afrontar la VIDA.
6.   ¡Celebrar los LOGROS! La vida depara todo tipo de momentos, pero es tu ACTITUD la que marca la diferencia. Hay que celebrar la vida, cada uno de sus instantes. Puedes elegir que cada cosa que te suceda esté para beneficiarte o fastidiarte; o, en cambio, puedes elegir que está para enseñarte algo.

El #RetoPDC2014 quizá no haya cambiado nuestras vidas de arriba a abajo, pero sí le ha proporcionado nuevas claves que nos ayudan a caminar con un espíritu renovado, más fuerte. La distancia no importa, el tamaño de los retos los marca tu corazón. De todas formas, la superación es generosa con quien la busca; lo mejor no son los resultados, sino la oportunidad que te concede de ir descubriendo quién eres.

Afortunadamente tenemos vida, instantes, camino y, sobre todo, nuestros pasos, esos que decidimos dar ahora y que nos pueden acercar -depende de nosotros- al gran objetivo marcado. El mejor reto es el que empiezas; la mejor batalla es la que ahora libras. El destino se construye; y lo haces con el paso que das en este momento ¡Gracias, AMIGOS, por la experiencia! Vosotros, vuestro entusiasmo, vuestra exigencia y vuestra vitalidad también me han permitido hoy ser algo mejor profesor que hace un año y, sobre todo, mejor persona. ¡GRACIAS por compartirlo!

Si hay pulso, hay vida. Si hay vida, hay llama.

“Nunca es demasiado tarde para ser la persona que podrías haber sido”.
George Eliot.

         Es posible que te encuentres atravesando un momento delicado; de algún modo, todos lo vivimos. También es posible que lo hayas pasado y conserves su huella en forma de cicatriz mental o emocional. Cabe la posibilidad de que todo hasta ahora haya sido plácido en tu vida. Sí, es posible. Pero, de ser así, no te extrañes si de pronto cambia el viento, viene el rostro adverso de los días y, por alguna razón que incluso en este punto desconoces, pretende quedarse. No importa, lo mejor de cada desierto es la fortaleza con que su experiencia condecora tu alma.
En cualquier caso, a pesar de que ciertas sombras traten de cernirse sobre nuestros pasos, se puede vivir en la certeza de que nada de lo que en esencia somos se apaga del todo. Se puede vivir con la seguridad de que parte de lo que en esencia somos, y que aún no hemos desarrollado, terminemos por descubrirlo de una vez y lleguemos a vivirlo, a compartirlo, y, por supuesto, a disfrutarlo. Así es el ser humano en su sencilla pero maravillosa complejidad.
         Buena parte de nuestro crecimiento y desarrollo personal pasa por mirarse dentro, asombrarse de ese espacio tan singular y entenderse con la propia interioridad; por trabajarse esa estructura personal que nos sostendrá y también nos impulsará. Buena parte de esa oportunidad para impulsarse pasa por no tener miedo y emprender definitivamente la aventura de adentrarse y conocerse; pasa por respirar profundo y reconocerse en la profundidad del ser que eres, quieto y dispuesto al mismo tiempo.
Y entonces… ¡estallas!, tienes la sensación que solo vives para expresar y compartir tu persona, radiante y vulnerable a la vez. Y entonces, la inspiración te envuelve porque vives en y desde la experiencia de encontrarte, de descubrirte, de comprenderte. Entonces vives en la continua necesidad de alinearte con el ser humano que en esencia eres. Y para entonces, el talento se convierte en expresión natural y limpia de tu don; y la creatividad, en el torrente incontenible que canaliza esa energía que va de dentro hacia fuera como una fuerza centrífuga vital realmente mágica.
Si hay pulso, hay vida; si hay vida, hay llama, por muy inconsistente que podamos sentirla en esos desconcertantes instantes de zozobra vital. No muere la esencia mientras tu corazón lata; está presente en tus latidos de cristal que parecen quebrarse entre el ruido caótico de los días inconexos, desapasionados. Pero no muere la esencia porque avivar el fuego del ser depende de nosotros. Se trata primero de una decisión, de resistir el ciclo caprichoso de las emociones; de querer después esa luz que eres y provocar así las condiciones que la impulsen. Nadie es tan débil como para no encontrar la fuerza que tiene dentro.

Al fin y al cabo, la prueba de haberte encontrado parece bastante sencilla. Sabrás si has llegado de un modo precioso y verdaderamente valioso. El viaje al centro de tu corazón te empujará irremediablemente a salir, a emprender ese camino de vuelta que, después de todo, solo encuentra en el otro la posibilidad anhelante de completarse. La esencia humana es, en definitiva, vivir la experiencia de encontrarse, conocerse y comunicarse abiertamente…, trascender.

El paradigma del pionero en el cambio de era.

“Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.”
Françoise Giroud.

La explosión provocó un profundo estallido, y la onda expansiva terminó por derribar cuanto a su paso se interponía como si de un escenario de cartón piedra se tratase. De pronto, segundos que parecen años; años que bien parecen segundos… Una densa humareda se apoderó de la atmósfera silenciosa y polvorienta. El aire pareció huir y sentimos, al momento, ahogarnos entre la confusión y el caos… Quizá todo se parezca; quizá ya nada sea igual; quizá lo único claro entre tanta oscuridad sea la osadía y el valor de levantarse ante lo inevitable.

Todo cambio de era en la historia transita entre décadas perdidas, escenarios en apariencia sombríos cuya realidad completa sólo pudo descifrar el futuro que aún no ha llegado. Sin perspectiva, todo análisis no toma la distancia que genera conciencia necesaria para saberte y saber. Se repite el patrón, la civilización dominante que agoniza se resiste a desaparecer, pero termina por ceder el testigo ante la explosión inevitable, la revolución siempre pendiente y rara vez reconocida por quienes no se acostumbran al cambio.
Parecía inagotable su formato reluciente, parecía venir de lo eterno para ser eterno, pero el paso de la edad antigua a la edad media condenó a la cultura grecolatina al recuerdo, relegándola a la única forma con que la historia se permite mantener con vida lo valioso, el sustrato cultural, ese fantasma amable que se pasea por el tiempo siempre por llegar. Así sucede con tantas otras revoluciones que marcaron hitos, que rompieron la línea de la historia y abrieron un surco en la tierra gastada.
La invención de la imprenta y la vertiginosa circulación del conocimiento, el pensamiento moderno, la revolución francesa y empoderamiento de la burguesía, la mecanización de trabajos tradicionales y el encumbramiento del comercio; las revoluciones industriales, los movimientos y las reivindicaciones sociales, el dardo envenenado del imperialismo, las guerras mundiales, las disputas por el orden mundial y la polarización norte-sur; el desconcierto ante la explosión de la revolución tecnológica y el colapso sistémico que algunos anuncian como fin de una era que agoniza y otra que empieza a emitir sus primeros balbuceos. El tiempo pendiente y el espacio que llega... Se podría hablar del escenario que viene, pero del mismo modo podríamos hacerlo -por qué no- del escenario que creamos.
Mientras tanto, hay quienes, aturdidos en medio de la explosión tecnológica en la que re-evolucionamos, prefieren pensar que, cuando desaparezca el polvo y la atmósfera se limpie tras el estallido, todo habrá sido un mal sueño y cada cosa estará de nuevo en su sitio. Por otra parte, los hay que sopesan que nada volverá a ser igual cuando se disipe la nube marrón que nos ahoga. Sin embargo, existen personas, grupos, organizaciones que centran las claves, con independencia de cuanto pueda venir, en la fortaleza interior de quienes caminan, en sus convicciones, en sus intuiciones y también en su esperanza.
Después de todo, si ante tanta incertidumbre no podemos asegurar qué vendrá, sí nos pertenece al menos elegir quiénes seremos; quiénes serán o seremos los que decidamos mantenernos en pie y, aun sin ver claro el horizonte, comencemos a caminar mientras se asienta el polvo y vuelve a entrar el aire en los pulmones. El paradigma de los pioneros, aquellos que muy posiblemente no fueron los mejores, pero sí los primeros en levantarse para comenzar el camino que mañana otros emprenderán con firmeza. La lucidez es el arrebato incontenible de la inteligencia.

"Soy el dueño de mi destino. Soy el capitán de mi alma".

“La libertad íntima nunca se pierde; es esa libertad espiritual que no se nos puede arrebatar, la que hace que la vida tenga sentido y propósito”
Víktor Frankl

Después de haber experimentado el escozor de la herida abierta, de la frustración por el esfuerzo baldío, del agrio sabor que toda derrota deja en la comisura de los labios dispuestos a la vida… Después de que se hundan tus pies en el fango de la miseria y el olvido, o se rasgue el tejido de tu propia dignidad a fuerza de inevitables circunstancias, –sólo entonces- descubres que el verdadero límite no es aquél que las situaciones te imponen como condición irremisible, sino que el límite, siempre autoimpuesto, consiste en desertar, renunciar a construirte y construir los sueños que, por mucho que tropiece en cada uno de sus intentos, exhala tu espíritu.
Dentro. Más dentro, justo ahí donde surgieron aquellos latidos que forjaron poco a poco tu conciencia a golpe de convicciones y creencias, encuentras las razones que te disponen y te movilizan en una determinada dirección, las mismas que hacen de ti lo que hoy eres. A veces con inseguridad, con humana incertidumbre, pero, al fin y al cabo, vas teniendo la valentía y la responsabilidad de crear(te) sobre lo creado y, por tanto, crear en cuanto te rodea, y esa –consciente o inconscientemente- es tu libertad más preciada y creativa.
Cualquier paso firme comienza desde el lugar donde tú en esencia eres, desde el espacio en el que sólo puedes ser… El caso es que no escoges –ni puedes- la fuerza del viento, ni siquiera su dirección, tampoco escoges el día lluvioso ni el esplendor del sol como apacible compañía; no decides sobre la piedras que en el camino encuentras, ni la disponibilidad del terreno, tampoco decides sobre ciertas distancias. Pero has decidido que ese ruido ya no te perjudica ni te frena.
Después de todo, lo fundamental tratas de ponerlo a salvo cada jornada con la templanza de la contemplación activa. Te aclara tu conciencia, te provoca tu voluntad, te agitan tus sueños y te impulsa el ímpetu de tu corazón; te alienta tu visión, te mantiene tu fortaleza y, sobre todo, te sostiene tu fe, tu frágil pero consistente fe.
El olor de la victoria proviene de esa estructura interna que construyes con artesana paciencia. No existe victoria completa que no ponga a prueba la fe personal –también la del equipo-, ésa única capaz de acercarnos a los límites con que demarcaron nuestro desarrollo, nuestras posibilidades y, por tanto, nuestra acción; aquellos límites que un día tuvimos que creernos y que ya no pesan ni frenan lo que deseamos alcanzar.

En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado
ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años
me halla y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán recto haya sido el camino,
ni cuántos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

                   William Ernest Henley