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Perdón, fútbol, perdón.

“Todas las personas sueñan con la libertad, 
pero están enamoradas de sus cadenas”.
Khalil Gibran
Qué importa dónde, cuándo o cómo. Otra pelea de animales que renuncian a su condición humana; otro episodio vergonzante para que su castigo manche –una vez más- a quienes aman el deporte y sufren que siga siendo utilizado por aquellos cobardes que pasean su violencia por espacios destinados a la superación, el esfuerzo, el sentido de equipo o el placer del juego y la competición; otro capítulo de machitos encabritados que no hallan mejor escenario ni altavoz más grande para rendir cuentas con su frustración reprimida.

 ¿Cuál será la próxima línea que veremos cruzar en el deporte base para rasgarnos las vestiduras por enésima vez sin que concretemos poco o nada efectivo? Quizá no amemos tanto como confesamos a nuestro fútbol; quizá no sea suficiente cuanto hacemos para limpiarlo de tanta porquería como ya soporta. Algo habríamos hecho ya mucho más efectivo y contundente si –como repetimos- el fútbol nos apasiona tanto.

No es el fútbol. El fútbol es otra cosa muy distinta, pero parece que este partido no importa y, sin embargo, nos jugamos la clasificación al mejor de los mundiales: el de la vida que le queda a cada niño o joven cuando se da cuenta de que el sueño de su padre no cabe en sus planes o en sus condiciones. Y esa es parte de la verdad que nos negamos a asumir, la misma que escondemos cuando algunos atribuyen la responsabilidad al deporte rey.

1.       ¡Que no es el fútbol! Que se trata de una sociedad enferma que arrincona en la esquina del olvido los valores universales, y lo expresa en los ámbitos más abiertos y tolerantes. Y el fútbol lo es.
2.       ¡Que no es el fútbol! Que la frustración viene de casa, o del trabajo, o de la calle, pero termina estallando allí donde, por principio, se acoge a todo el mundo. Y el fútbol lo hace.
3.       ¡Que no es el fútbol! Que puede que no queramos verlo ni afrontar nuestras vergüenzas, pero se trata de un problema social y cultural que encuentra cauce y expresión en determinados fenómenos mediáticos. Y el fútbol lo es.

Claro que tiene solución, como casi todo, pero transformar una cultura requiere tanto como…

Ø  DECISIÓN. Voluntad por parte de todos los agentes sociales implicados.

Ø  ESTRATEGIA. Concreción de proyectos que impulsen procesos operativos consistentes, evaluables, revisables por parte de todas las partes. Instituciones, clubes, escuelas, familias…

Ø  COMPROMISO. Valentía para dar el paso que acerca y aproxima a todos, ¡a todos! Y tener muy claro quien decide estar fuera con su doblez o actitud.

Ø  PACIENCIA. Perseverancia en el esfuerzo sostenido; transformar una cultura lega tiempo, energía, recursos… y tropiezos.

Ø  CONFIANZA. Hay que insistir y tener fe; o eso nos enseña el deporte. Centrarnos en el proceso para que lleguen los primeros resultados.


Que no es el fútbol, que no; que es lo que hemos permitido y estamos permitiendo cada una de las personas que decimos amar al fútbol y cuanto significa. Que no es el fútbol; que somos todos nosotros cada vez que nos callamos, consentimos, transigimos o preferimos mirar hacia otro lado mientras se desangra el corazón de nuestro maravilloso deporte
Perdón, fútbol, perdón; dando siempre tanto a tantos para recibir tan poco de algunos.

Iniesta y el balón de cuero.

“No juego para ganar balones de oro, juego para ser feliz”.
Andrés Iniesta
        Recibe el balón como quien acoge a la dama de sus sueños; porque presiente y prepara su llegada con exquisita delicadeza, porque lo hace en el mejor espacio posible y para provocar la mejor situación posible. Recibe el balón y todos intuyen qué puede hacer una vez lo envuelve, lo esconde y lo muestra para asestar el golpe necesario, a menudo decisivo, pero no siempre definitivo. Quizá porque prefiera compartir parte de la gloria y así otros puedan decir que dieron el golpe definitivo. Y, sin embargo, Andrés Iniesta no deja de sorprender a propios y extraños; de poner de acuerdo a todos  los especialistas y degustadores del deporte balompédico. Bueno, a todos menos a los que votan los premios que reconocen al mejor de cada año.
        Pero hay algo que puede resultar curioso¿Qué pondríamos en el foco mediático de fútbolandia si se encumbrara al mago de Fuentealbilla (Albacete) como mejor jugador del mundo? Sencillo. Se corre el peligro de que demasiados millones de niños no reconozcan al mejor solo por su talento aplicado al juego, algo para lo que Iniesta no creo que pierda del todo el duelo con los mejores. Se incurría en el error de valorar elementos como:

1.     COMPETENCIA.
Nadie puede ser reconocido como el mejor en lo suyo si no muestra un talento y una habilidad sobresalientes, dignas de la atención de quienes aman el juego, su finalidad y también su estética y su capacidad para generar emociones.

2.    HUMILDAD.
Se puede ser uno de los mejores, estar en uno de los mejores equipos del mundo y, a pesar de todo, ser un chico normal, que no necesita de la estridencia o una declaración gruesa para destacar; que no necesita acaparar protagonismo porque lo que le hace feliz es el juego no el tamaño de EGO.

3.    CONFIANZA.
En un deporte poblado por atletas, por auténticos portentos físicos, escrutados por el valor de su fibra y su disciplina posicional, comprobamos cómo un hombre de tez algo pálida, de escasa estatura y con apariencia endeble, se muestra capaz de dominar los conceptos de su deporte sin que ningún resultado mute la confianza y la serenidad que su rostro desprende. Quizá de lo que más disfrute sea del juego, algo que parece dar resultados.

4.     EQUILIBRIO.
Lo trae precisamente la confianza. Ni la euforia ni el estado depresivo se ha dibujado en su cara o se han asomado en alguna de sus declaraciones. Gana y pierde y es capaz de mantener su amor al juego y conceder valor al esfuerzo que la competición entre los mejores siempre exige con independencia del resultado. No mide su conducta; es así.

5.     GENEROSIDAD.
Mientras algunas de las estrellas o su abigarrado e interesado entorno buscan atraer el foco hacia sí, hay quienes, como Andrés Iniesta, tratan de integrar el valor de su aportación al cómputo del equipo, y conceden toda la importancia al grupo, sin que por ello este sienta que deba ningún peaje a su capitán. Trabaja por el espíritu de equipo. Cohesiona, aglutina, centra el ánimo, valora el esfuerzo.


        Después de todo, no parece que la felicidad futbolística de Iniesta pase por el reconocimiento de un balón de oro. No se trata ya de una necesidad del protagonista, sino de un acto de justicia con ese fútbol en su dimensión más completa y profunda, ese fútbol como fenómeno estético y ético. Un acto de valor para alguien que no lo necesita más que los millones de jóvenes que endiosan a sus deportistas; para alguien que cuando se ata las botas anuda algo más que el calzado con el que patea un balón; alguien que se ata con cordones de algodón la clase, la educación y la dignidad de un deporte maravilloso. Que no le concedan -si no quieren- un balón de oro, pero que no le quiten del pie el balón de cuero.

Los niños "premaduros". De los padres de la prisa a los niños de la urgencia.

“Una de las grandes desventajas de la prisa es que lleva demasiado tiempo”
G. K. Chesterton.
       Las señales horarias de la radio indicaban las ocho. Los primeros claros del día se dejaban ver al salir de la cochera en dirección al colegio. No era ni tarde ni temprano; más bien la hora prevista, pero ni siquiera eso me hacía bajar en modo alguno la guardia…
   -Papá, ¿vamos hoy tarde? –pregunta el pequeño bien pertrechado en su silla.
    Inclino levemente el cuello para mirarlo por el retrovisor. Vuelvo la vista a la calle y digiero sus palabras después de haber masticado su inocente dureza. Y espera una respuesta como quien espera el autobús en una parada de la periferia.
   -No, hijo. Hoy vamos bien –resuelvo sin mostrar demasiada convicción.
   -¡Lo hemos hecho bien, hemos sido muy rápidos!, ¿verdad?
   -Claro, claro… Lo habéis hecho genial.
   Sin embargo, una mueca de insatisfacción interior me rasga por dentro y cierto regusto amargo recorre mi cuerpo hasta que un semáforo en rojo me devuelve a la prisa que necesito para no sentirme del todo mal.

     De los padres de la prisa solo pueden salir los hijos de la urgencia y la culpa. Porque creo que esa, sobre todo, es la parte fundamental y dominante de la herencia emocional que podemos legar a aquellos que decimos amar sobre todas las cosas. Se abre paso entre su modernísima inocencia un perfil de niños premaduros, pacientes del virus de la prisa en el que sobreviven sus padres en su vertiginoso día a día; niños programables y programados para incluso sentirse libres en la inocua y fría dictadura de la actividad.
    Sin intención de juzgar, y solo pretendiendo dejar constancia de ellos, podríamos cifrar al menos cuatro rasgos inconfundibles que identifican a esos niños premaduros que aprenden y tratan, de agradar, por encima de todo y antes que a sí mismos, a los padres de la prisa:

1.  URGENCIA. La vida es una continua urgencia que atender, de manera que cualquier espacio de tranquilidad se convierte en un inquietante momento que desconcierta por su insoportable pausa. 

2. IMPACIENCIA. La vida es el instante inaplazable que devoramos o nos devora. Se vive bajo el dominio del “lo quiero aquí y ahora”, y se confunde la intensidad y la presencia con la precipitación y la prisa.

3.  PRAGMATISMO. La vida es un incesante banco de pruebas que superar, un listado de tareas que hacer bien… bueno, mejor brillantemente. El sentido de utilidad domina la relación con el mundo y las personas. Se tacha lo que no vale, lo que deja de ser útil o puede entretenernos.

4.  INFLEXIBILIDAD. La vida es un plan trazado que cumplir, un camino marcado que recorrer, una línea de la que no hay tiempo de salirse. Cualquier distracción inoportuna genera una ansiedad perceptible.

Un rasgo apreciable de los padres de la prisa -bueno, también el de todos- es su deseo ardiente de que llegue el fin de semana para ralentizar el ritmo, espacio en el que, paradójicamente, luego se sienten confundidos e indefensos ante su inconfesable dependencia de la prisa. Esclavos del ritmo que no saben atajar ni parar, sufren en estos momentos de cierto sosiego el irascible estrés de la pausa.
   Al fin y al cabo, para muchos de estos niños, la vida llega a percibirse en ocasiones como unos padres a los que agradar de comienzo a fin, como una expectativa que atender y cumplir incluso antes que el desarrollo de cualquier autonomía, juicio, criterio...

   Qué tal, como atrevida alternativa, la vida como descubrimiento frente a esa vida como conquista; qué tal, como osada alternativa, la vida como espacio de creación y creatividad, como capacidad de asombro y sentido de la contemplación; la vida como interioridad generada, asumida, querida y compartida. Intuyo que para todo eso habrá antes que neutralizar algo de la prisa de muchos padres como yo, porque hay algo peor que el sentido de la urgencia en que hacemos que vivan, se trata del sentimiento de culpa que desarrollan por no responder de la manera más efectiva. 

Pau Gasol y el liderazgo expansivo.

“Ante la adversidad me crezco, y siempre he vivido con la presión de las expectativas. No me da miedo eso”
Pau Gasol
Hace unas semanas, mi compañero Antonio Ortega (@AntonioOrtegaPF) me lanzó un órdago inesperado. Reflexivo y calculador, respetuoso hasta el límite que marca el decoro, y tratándose de un hombre de fútbol, me extrañó la firme convicción con la que se dirigió a mí, una convicción que al poco tiempo, al mirarle fijamente, se tornó en serena exigencia.
-Gaby, tienes que escribir un artículo sobre Gasol –espetó sin más, para después calcular las consecuencias de su petición y argumentar las razones del encargo.
Así es como se forja este artículo, una vez más agarrado a la vida y a las personas con las que compartes pasión, camino, experiencias. Y así es como surge escribir sobre Pau Gasol y lo que he decidido llamar el liderazgo expansivo.
La evolución parece uno de esos presupuestos antropológicos que no admiten demasiada discusión. Evolucionamos como una parte más del cosmos; y lo hacemos queramos o no, conscientes o no de ello. Evolucionamos desde la fisiología, la psicología, las emociones, la adaptación al entorno… Llevamos dentro algo de esa esencia expansiva del universo que hace que siendo los mismos no seamos iguales, vinculados a las coordenadas de espacio y tiempo que como raíles marcan nuestra trayectoria.
El liderazgo no permanece ajeno a esta realidad expansiva del ser, por lo que no deja de tener una dimensión poliédrica, que va mostrando diferentes imágenes en función de la situación, las circunstancias, el tiempo... Después de todo, somos aquello que va quedando, aquello que permanece de todo lo que vamos siendo; somos aquello que viene con nosotros, traspasando las coordenadas espacio-temporales. De alguna manera, no elegimos nuestra esencia expansiva, pero sí la dirección hacia la que orientar esa expansión. Y algunos lo hacen bien, y otros genial.
Os invito a que analicemos esta tesis en la carrera profesional de uno de nuestros mejores deportistas de la historia, Pau Gasol. Confrontaremos las etapas de su dilatada trayectoria con los factores y los valores que se hicieron presentes como líder en cada una de ellas.

·         Barcelona. A pesar de formar parte de la selección de los “Juniors de oro” que conquistaron el título mundial frente a la todopoderosa EE.UU. (Lisboa, 1999), Pau Gasol no fue el más destacado de aquel grupo. Año y medio después, en la edición de la Copa del Rey de 2001, explotó el deportista. Alguien tuvo que confiar en él, y él confiar en sí mismo. Un líder, para empezar a serlo, necesita atrevimiento, algo de descaro en su comienzo. Romper el orden establecido, el nivel mostrado, requiere de ese valor. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Confianza. VALOR: Atrevimiento/Descaro.
·         Memphis Grizzlies. El salto a la NBA era el paso evidente en su meteórica progresión. Entonces, el líder, ante lo nuevo, necesita convicción en sus cualidades, trabajar, esperar la oportunidad, ser paciente ante el reto de los retos. La capacidad de adaptación y superación son valores consustanciales al liderazgo. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Convicción. VALOR: Adaptación/Superación.
·         Los Ángeles Lakers. El paso a la franquicia dorada de la NBA supone todo un estímulo, alcanzar el anillo de la mejor liga de baloncesto del mundo, pero al mismo tiempo ha de soportar la mayor presión de su carrera deportiva. Hay un valor por encima de todos en esta etapa, un valor que todo líder debe soportar, la exigencia. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Presión. VALOR: Exigencia.
·         Chicago Bulls. La experiencia lleva a un líder a ser valorado y respetado. Este parece el factor que hiciera decantarse a Pau por los Bulls, la franquicia de un icono de este deporte, Michael Jordan. Después de todo lo vivido en el camino, hay algo fundamental para un líder, el equilibrio, esa serenidad desde la que se compite con toda la consciencia.
FACTOR: Experiencia. VALOR: Equilibrio.
·         Selección Española. No ha tenido reparo en reconocer en más de una ocasión que para él, acudir cada verano a su cita con el combinado nacional –siempre que ha podido-, ha sido un verdadero placer, por todo lo que supone convivir con un grupo de amigos y competir por su país con un formidable equipo de profesionales. Sin duda, la inspiración es uno de los valores esenciales para el liderazgo. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Diversión. VALOR: Inspiración.
         De todo lo expuesto, podemos deducir cuatro rasgos esenciales que revelan al líder expansivo:
1.   Conserva lo bueno. Hace bagaje de la experiencia. En la mochila no cabe todo y procura no perder aquello que es riqueza para el camino que está por venir.
2.   Elimina lo que detiene. Hay mucho peso que ralentiza el ritmo y no aporta nada. Identificarlo y eliminarlo proporciona grandes ventajas.
3.   Elige la dirección. Elegir el destino está más cerca de decidir quién ser que de decidir dónde estar. El líder expansivo no traiciona sus valores, y sus decisiones se encuentran estrechamente vinculadas a estos.
4.   Disfruta el momento. El mejor momento es el que vivimos, porque tratamos de comprender qué nos enseña; qué nos permite descubrir y para qué aparece en nuestra vida.
     No creo que el liderazgo sea un fin en sí mismo, entiendo que es la realización de la persona el verdadero objetivo último, pero parece innegable que el liderazgo delata el alma de las personas como la luz del sol delata el alma de la tierra.

"Así lideras, así compites" o el liderazgo emocional del entrenador.

“Un líder es un negociador de esperanzas”
Napoleón Bonaparte
            ¿Para qué los haces luchar, entrenador?, ¿para qué les pides su mejor esfuerzo en cada entrenamiento, o su máximo rendimiento en cada partido, en cada jugada, en cada instante?, ¿por qué decides consumir tu mejor y más valiosa energía en cada pliegue del tiempo que te ofrece un campo de entrenamiento, un balón, un equipo, una competición?, ¿para qué…?
    En las últimas décadas, el mundo del deporte ha visto sobredimensionada su capacidad de impacto, hasta el punto de haber conformado un desmesurado producto de consumo que ha reunido en torno a sí, con voraz y descomunal fuerza centrípeta, todo lo que como sociedad somos. Desde las escuelas de formación y deporte base hasta el mismo profesionalismo, el deporte se ha visto abordado por todo la maquinaria del management empresarial y organizacional. Algo que, por encima de defensores acérrimos y románticos detractores, no deja de ser una realidad insoslayable para quienes amamos y dedicamos parte de nuestro tiempo al deporte.
     Hay una virtud en la línea de pensamiento que la psicóloga Patricia Ramírez Loeffler (@Patri_Psicologa) sostiene en sus diferentes divulgaciones, más explícita aún en su último libro Así lideras, así compites. Esta no es otra que la de aportar al deporte y el mundo de la competición lo mejor de las ciencias humanísticas como la psicología o de disciplinas tan emergentes como el coaching, pero con la habilidad de preservar en todo momento –más bien potenciar- los valores esenciales del deporte y todo lo que su práctica provoca en la persona.
         La riqueza de Así lideras, así compites no se encuentra tanto en el asunto, sino en el enfoque, en esa perspectiva que deposita en la persona el centro de gravedad de cuanto sucede y está por suceder. Me parece interesante –también elegante-, que sin necesidad de dañar a nadie, apunte un camino, abra un surco en la tierra a veces gastada de los gestores de grupos y equipos que entienden el banquillo como un trono y el micrófono como una espada. Al fin y al cabo, aborda el liderazgo cosido al talento humano más esencial, ese que hilvana la autoridad con el hilo de las emociones; aborda el liderazgo como quien presenta un don cercano y asequible, ese que ata su fortuna a la habilidad de un artesano con la pericia de un ingeniero.
          Paradójicamente, conceptos como vulnerabilidad, interdependencia, vínculo, cercanía o alianza aparecen –implícitos o explícitos- como el espacio de fortaleza del líder, como rasgos de la autoridad más humana pero también más efectiva. Y es que, en Así lideras, así compites, Patricia Ramírez trata de proporcionar sentido y horizonte a los frágiles e inestables pasos del mundo de la competición y de quienes tienen que gestionarlo, liderarlo. No se entienden la rentabilidad, el resultado, la productividad o el rendimiento si no es atado al proceso, al trabajo. En un mundo sacudido y dominado por la inconsistencia de las variables (resultados) solo tenemos una opción, centrarnos en el trabajo de calidad de las constantes (procesos).
            Después de todo, somos nuestro mensaje –la palabra, el gesto, el acto-; un líder no deja de ser un generador de energía, un creador de atmósfera, un malabarista de las emociones que renuncia al fantasma del victimismo y agarra por los cuernos el presente más rabioso. ¿Para qué los haces luchar entonces, entrenador? @Patri_Psicologa va respondiendo en el libro a esta y otras cuestiones a golpe de experiencias, emociones, pautas y herramientas. Sí, después de todo, un líder no es aquel que pisa fuerte, sino aquel llega adentro de las personas y los equipos. ¡Buena lectura a todos los que os decidáis!

Así lideras, así compites. Patricia Ramírez Loeffler. Editorial Conecta.

Reto "Restaurante KIDS". Niños, cocina y valores.

Inspirado por mi amigo Sergio Fernández Guerrero,
un alma intrépida que se agarró a la cocina como quien se agarra al canal de la vida que le permite repartir entusiasmo y contagiar vitalidad.

La mayor parte de ellos se conoce casi desde que empezaron a  guardar -a buen o mal recaudo- sus propios recuerdos, porque combaten los rigores del calor estival en la playa de La Guardia-Salobreña (Granada). El grupo de niños –hermanos entre sí algunos- oscila entre los tres años de Sergillo y los trece de Pablo o Claudia. En realidad conforman varios grupos arracimados por esa proximidad con que la edad y los juegos los convocan.
         Hasta ahí, todo normal; con las incidencias y vivencias propias de cada verano. Pero, de pronto, un huracán entra en juego y hace volar la imaginación y saltar la creatividad y el entusiasmo. Ya lo conocemos quienes convivimos con él durante alguna semana cada verano. Sergio es incandescente; brilla pero no quema; su chispa prende, incendia, pero, lejos de devastar el territorio que pisa, lo revoluciona, lo mueve a la acción dentro de ese campo magnético que crea su personalidad arrolladora y cercana. Todo lo que emprende desde que asoma por la playa es pura acción y derroche adrenalínico.
         Y esta vez no se conformó con alguno de sus improvisados juegos en el agua. El reto que le propuso a una veintena de niños era nada más y nada menos que programar, preparar, servir y recoger una cena a un número limitado de adultos. La idea cobró poco a poco fuerza y la cuenta atrás acababa comenzar. Valores como el trabajo en equipo, la distribución de roles, funciones y responsabilidades, la necesidad de coordinación, el respeto o la valoración del trabajo de cada uno y de todos saltaban a la vista desde el primer momento. Cocineros, camareros, relaciones públicas, maîtres,… y todo tutelado por un magnífico y distinguido profesional de la cocina y la motivación como Sergio Fernández Guerrero.
         Y programaron su menú:
· Entrante: Salmorejo con tartar de langostinos y dátiles.
· Primer plato: Bacalao confitado con crema de patata y aceite de trufa.
· Segundo plato: Solomillo a la plancha con cebolla confitada, espárragos trigueros y ciruelas.
· Postre: Sandía y mango con crema de yogur y azúcar glace.
· Y todo regado por magníficos vinos de la tierra.
Tres días de asambleas de equipo, establecimiento de reglas y organización; días para la búsqueda y preparación de materiales, promoción del evento, reservas, compra de material y, por fin, elaboración de la cena. Y llegó: 21 de agosto, 21.30 horas, temperatura agradable y una ligerísima brisa peinaba los frondosos árboles de la plaza. Y el restaurante KIDS abrió sus puertas de sueños infantiles por una noche, una noche mágica y diferente tanto para su equipo de trabajo como para los privilegiados clientes que tuvimos el honor de disfrutarla. Todo un éxito.
Muchos de ellos aún no tienen claro que quieren ser de mayores, pero bueno, quizá el mundo tampoco sepa a estas alturas que les aguardará a ellos, qué horizontes les tiene reservados o qué tipo de profesiones podrán llegar a elegir. Pero eso ahora puede que importe poco o nada; lo que verdaderamente importa es la experiencia de ser un grupo, un grupo muy diverso y variopinto que ha tenido que ponerse de acuerdo para alcanzar un objetivo común y compartido. Un grupo que, por unos cuantos días, ha tenido que convertirse en EQUIPO y respetar unas reglas, valorarlas, apoyarse, tomar decisiones, trabajarlas, e incluso disfrutarlas.
Pasaban apenas unos cuantos minutos de las doce y casi todos los clientes habían dejado ya KIDS, y fue maravilloso comprobar entonces como un grupo de cocineros, camareros, maîtres o relaciones públicas de pronto volvieron, como si sus vestimentas se hubieran disuelto por un extraño hechizo, a su hermosa realidad de niños.

Gracias, Sergio, por tu carácter y tu humanidad. Estos días la cocina fue una magnífica excusa para transmitir unos valores a un grupo de niños que tendrán que interiorizarlos para crecer, relacionarse y, sobre todo, poder ser ellos en cualquiera de los escenarios que su vida les depare o ellos se construyan. Todavía son niños, sí, pero al fin y al cabo seres humanos, protagonistas de sus creatividad y sus sueños, a quienes nada les impide vivir lo que les hace mejores que ellos mismos antes de cada experiencia.

Cazadores de estímulos. El homo technologicus y las APPS.

“Corremos el riesgo de llegar a los demás como meros objetos
a los que podemos acceder”.
Turkle.
         Con el libro La generación APP, Katie Davis nos ofrece una rica reflexión sobre el impacto que la realidad de las aplicaciones está teniendo en la vida de los jóvenes, pero también –por contagio y extensión- en la de los adultos. Y entre sus renglones, rescata una cita de Ellul lo suficientemente elocuente como para compartirla y digerirla: “pensar que la tecnología no hará más que dominar nuestra existencia material es una muestra de ingenuidad. Estos dispositivos abren paso a un cambio fundamental en la psicología humana”.
Ciertamente, el mundo de la tecnología en general, y el de las aplicaciones de manera muy particular, está creando una nueva conciencia de sí mismo, de los demás y del conjunto de la realidad circundante; una nueva microvisión y macrovisión en la que el ser humano es sujeto y objeto. Así, la brecha abierta entre los considerados nativos digitales, los inmigrantes digitales y –por supuesto- los analfabetos digitales se expande, como se expande con ella esa concepción del mundo tan singular.
Pocos expertos en educación, psicología, sociología o antropología evolutiva, entre otras disciplinas complementarias, dudan de la influencia y el impacto que las APPS están ejerciendo en cuestiones tan fundamentales como la identidad, la intimidad y la creatividad de los individuos. El modo en el que se vertebra el ser individual, la manera en la que establecemos nuestras relaciones y abrimos nuestra intimidad con los otros (alteridad) y la propia capacidad creativa e imaginativa se ven claramente afectadas por la tecnología que nos envuelve y desde la que hemos establecido la mayor parte de nuestro desarrollo. Puede que, en cierto modo, la relación, uso y dominio de la tecnología determine hoy, como en otro tiempo lo determinaban otras cuestiones, la pertenencia generacional.
En este sentido, podríamos distinguir entre dos grandes categorías de aplicaciones, las que generan dependencia y aquellas otras que generan capacitación y promueven el desarrollo del pensamiento y la creatividad. Sugerente al respecto es la reflexión de Nicholas Carr, quien expresa que, “por su velocidad, la era digital fomenta el pensamiento superficial, malogra la lectura y la reflexión sostenida que favoreció la era Gutenberg”. Nos deberíamos preguntar, al respecto, en qué espacio del homus technologicus nos situamos, si en aquel en el que se encuentran las personas app-dependientes o, por el contrario, en aquel otro donde permanecen los app-capacitados.
Las APP-dependientes trazan rutas establecidas, caminos marcados; dispensan soluciones unívocas y generan un pensamiento unidireccional y dependiente. Mientras que las APP-capacitadoras proporcionan horizontes y no caminos establecidos ni rutas marcadas; generan un tipo de pensamiento alternativo, constructivo y autónomo.
En cualquier caso, vivimos en un mundo rodeado de dispositivos digitales que, a través de sus innumerables aplicaciones, parecen dispensar soluciones de todo tipo a todo tipo de situaciones. Basta reconocer una dificultad, un problema más o menos extendido para a continuación crear una aplicación que lo solvente con más o menos acierto. Un mundo en el que ser humano, en plena revolución tecnológica, se está convirtiendo en un avezado cazador y devorador de estímulos. Sin ellos, sin el contacto permanente y continuado de estímulos, el ser humano incluso llega a desarrollar un síndrome de abstinencia con toda la sintomatología que lo hace reconocible.

Después de todo, en esa conciencia nueva de sí mismo, de los demás y del mundo, lo siguiente, a modo de rasgo inequívoco de la Generación APPS, puede ser –si de hecho no lo es ya- entender las personas y el mundo como una gigantesca aplicación, donde el principio de utilidad siempre esté por encima del principio de vitalidad. ¿Qué supone todo esto?...

#RetoPDC2014. Una experiencia educativa.

“No mires hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo,
sino alrededor con atención”.
J. Therker
Entramos en la meta de la mano, porque todo el curso no ha dejado de ser precisamente un mano a mano para encontrar motivos, descubrir razones y compartir emociones que nos acercaran al objetivo que hemos compartido. La cuenta atrás decidimos comenzarla cuando quedaban 124 días, una cifra ya mágica para cada uno de nosotros.
El #RetoPDC2014 ha sido toda una experiencia vital que han protagonizado un grupo de alumnos de ESO adscritos al Programa de Diversificación Curricular de mi cole, y que he tenido la fortuna de acompañar como profesor del ámbito socio-lingüístico, pero, sobre todo, como coach y... compañero de equipo. Para quienes no estéis relacionados con el mundo de la educación, debéis saber que se trata de un Programa de Estudios orientado a un tipo de alumnado muy concreto, que debe cumplir una serie de requisitos, resumidos en dos fundamentalmente:
1. La dificultad para alcanzar los objetivos que les permitan conseguir su titulación en ESO.
2.  Y su interés, sin embargo, en hacerlo posible. Para todo ello, se adapta el currículo, se flexibilizan los contenidos, sin dejar de trabajar los objetivos generales.
Ellos saben perfectamente que no han sido los mejores estudiantes de la etapa; que no siempre aprovecharon el tiempo lo mejor que pudieron; o que les cuesta llegar a ciertos niveles de exigencia que otros compañeros alcanzan. Pero ellos curran ahora como auténticos campeones y -como tantos otros- tienen sus días buenos y también sus días… mejores (jajaja). Eso sí, estoy convencido -antes de que ocurra- que van a obtener, a pesar de todo, su título de graduado en ESO, y esa será su victoria completa ahora.
Han sido 124 días de auténtico aprendizaje para cada uno de nosotros. El #RetoPDC2014 ha consistido en preparar una carrera de 5 km, con entrenamientos planificados semanalmente, adaptados a su situación y revisados cada lunes. La voluntad, la disciplina, el esfuerzo, la constancia, la superación, entre otros valores, han sido nuestros compañeros de camino estas inolvidables semanas. La comunicación entre nosotros, la posibilidad de dedicar un tiempo a descubrir y compartir sensaciones personales en grupo ha sido estimulante en todas las dimensiones: mental, emocional, física... Íbamos descontando día a día como quienes saltan vallas o salvan el peldaño de una larga escalera; constancia, tiempo, paciencia...; y las semanas volaban hasta que -por fin- llegó el momento; el día y la hora. Sábado, 31 de mayo. Montilla, 22:00 horas. XI Carrera Popular “María Auxiliadora”.
El #RetoPDC2014 fue posible por muchos factores. Ellos –Ángel, Jorge, Abrahán y Antonio- han demostrado algo realmente valioso para muchos de sus compañeros y profesores; algo que tiene un valor fundamental; algo que nos queda –por lo menos, a mí- como su mejor lección, sintetizada en estas claves:
1.   Ser conscientes de que hay cosas que CAMBIAR en ti y la necesidad de hacerlo ¡YA!
2. Quererlo, desear el cambio. COMPROMETERTE día a día con él, hasta cuando creas que cuesta tanto que no está hecho para ti. Entonces necesitas descubrir que realmente se trata de una falsa creencia. Vas a poder; vamos a poder.
3. Experimentar la DIFICULTAD; mirarla a la cara. Probar el miedo y la posibilidad –como en otras cosas- de rendirte y… ¡NO HACERLO!
4.   Vivir la fuerza inspiradora del grupo. Sentir la responsabilidad de construir un EQUIPO, ser y sentirte parte de él. El equipo sostiene en los peores momentos.
5.   Sentirte orgulloso de tu mejor ESFUERZO. Repetirte que el verdadero logro no es llegar, es la manera de hacerlo, esa que te hará soñar con otros desafíos y muestran tu forma de afrontar la VIDA.
6.   ¡Celebrar los LOGROS! La vida depara todo tipo de momentos, pero es tu ACTITUD la que marca la diferencia. Hay que celebrar la vida, cada uno de sus instantes. Puedes elegir que cada cosa que te suceda esté para beneficiarte o fastidiarte; o, en cambio, puedes elegir que está para enseñarte algo.

El #RetoPDC2014 quizá no haya cambiado nuestras vidas de arriba a abajo, pero sí le ha proporcionado nuevas claves que nos ayudan a caminar con un espíritu renovado, más fuerte. La distancia no importa, el tamaño de los retos los marca tu corazón. De todas formas, la superación es generosa con quien la busca; lo mejor no son los resultados, sino la oportunidad que te concede de ir descubriendo quién eres.

Afortunadamente tenemos vida, instantes, camino y, sobre todo, nuestros pasos, esos que decidimos dar ahora y que nos pueden acercar -depende de nosotros- al gran objetivo marcado. El mejor reto es el que empiezas; la mejor batalla es la que ahora libras. El destino se construye; y lo haces con el paso que das en este momento ¡Gracias, AMIGOS, por la experiencia! Vosotros, vuestro entusiasmo, vuestra exigencia y vuestra vitalidad también me han permitido hoy ser algo mejor profesor que hace un año y, sobre todo, mejor persona. ¡GRACIAS por compartirlo!