"DEL REVÉS" o la agitada vida de las emociones.

“Lo que acceptes completamente te hará sentirte en paz, incluyendo la aceptación de que no puedes aceptar, de que te estás resistiendo”
Eckhart Tolle.
           
            Ni aliadas ni enemigas; quizá –eso sí- respuestas, reacciones, impulsos; o sencillamente un caudal de energía que permite conocernos y conocer todo aquello que constituye una de las maravillosas realidades de nuestra ineludible condición humana. Sea como fuere, las emociones se generan, están, se quedan, se instalan, o se van sin avisar para regresar pasado un tiempo que ni siquiera se encuentra acordado. La mayor parte de las ocasiones las presentimos, pero eso no significa que avisen cuando deciden llegar. Las emociones, a menudo, están sin ser notadas para estallar después en ese inescrutable giro en alguna de las esquinas de nuestro cerebro.
            De las emociones predominantes como la alegría, la tristeza, el miedo o la ira, podemos incluso no aprender nada en una vida entera, sin que por ello pase nada, pero si lo decidimos, sí que podríamos descubrir mucho, más de lo que creemos, de tal forma que incluso pudiéramos jugar con su presencia, sentirla, integrarla o –por qué no- condicionarla. Y en ese continuo ejercicio vital de descubrimientos puede acontecer –o no- el aprendizaje. Para todo ello, ya hay un inabarcable material sobre neuroplasticidad, que nos llevaría alguna que otra vida leerlo.
En cualquier caso, de las situaciones y escenas de la película Del revés me atrevo a compartir con vosotros cinco valores extrapolables al mundo exterior.
1.      El valor de CONOCERSE A SÍ MISMO. Somos únicos, de ahí la importancia de llegar a descubrir quiénes somos para conocer qué podemos compartir; qué podemos aportar de lo esencial y diferente respecto de los demás. ¿Qué EVITAMOS? Pretender que los otros sean como nosotros y comprendan y reaccionen a las situaciones como lo haríamos nosotros.
2.      El valor de SALIR (voluntaria o involuntariamente) DE LA REALIDAD conocida y asumida. Con frecuencia, hasta que no salimos de nuestra zona de comodidad, aquella que conocemos y dominamos, no descubrimos el rostro completo de la realidad en la que vivimos. ¿Qué EVITAMOS? Conformarnos, caer en la tentación de absolutizar la visión que tenemos de la realidad y las cosas.
3.      El valor de la EMPATÍA. Poner en valor el principio de la alteridad no consiste solo en la consciencia de la existencia del otro, de su realidad y especificidad como individuo, sino también en respetarla y entenderla; aún más, en alzar y promocionar el valor que solo atesora esa persona. ¿Qué EVITAMOS? El egocentrismo. Considerar que nadie aporta tanto como nosotros, llegando a sentirnos imprescindibles.
4.      El valor del TRABAJO EN EQUIPO. No se trata de una interacción pasiva e interesada, sino de una acción acordada, valorada, que pone el valor de cada uno y dispara el potencial creativo y operativo de la interdependencia. ¿Qué EVITAMOS? El individualismo; creer que el fundamento de los resultados obedece a nuestra imprescindible aportación; caer en la trampa emocional de sentirnos los salvadores exclusivos de la humanidad sufriente y doliente que nos espera con los brazos abiertos.
5.      El valor de la APERTURA al CAMBIO. Nada permanece, o al menos, casi todo cambia, al más puro pensamiento heraclitano. El cambio, sobre todo el que no decidimos, no es una realidad amenazante; no lo juzgues, el cambio simplemente viene, está y te reta… podemos verlo como una oportunidad; cuesta lo mismo situarse en una perspectiva u otra, la diferencia es que mientras una libera, la otra esclaviza. ¿Qué EVITAMOS? La tortura mental de pensar que nada cambia y todo es para siempre.

En Del revés, todo lo que pasa fuera (realidad del mundo) termina por suceder dentro (cerebro de la persona), para volver como reacción hacia fuera tras experimentar los procesos orgánicos de nuestro cuerpo. Y en ese columpio emocional nos sumergimos en cada uno de los inputs que recibimos del exterior, para no dejar de ser esos omnívoros cazadores de estímulos que lo devoran todo a través sus filtros sensoriales. Qué bueno que provoquemos ese trabajo en equipo dentro de nosotros; que alegría, tristeza, miedo, asco o ira estén ahí, haciendo ese trabajo que debemos dejar hacer…

Entrenando intangibles. "La primera vez que la pegué con la izquierda" o la confianza como talento.

“Los líderes nacen, pero nacen tan pocos que a los demás hay que formarlos”
Peter Drucker.
        Mi amigo Sergio Fernández, además de llevar la generosidad por castigo, me regaló este verano un libro cuya lectura tenía decidida, pero aparcada. Y sucede lo que tiene que suceder; que cuando algo quieres que pase, termina pasando… Así llegó este libro a mis manos, fruto de la complicidad que destilan los corazones desprendidos y generosos. Y, por supuesto, lo leí, me entregué a su lectura curioso y expectante. Ya queda su poso burbujeante que hacen inevitables estos cuantos párrafos improvisados.
En ocasiones, tienes la sensación de que hay personas que parecen destinadas, llamadas, convocadas para preservar el alma y la esencia de las cosas, incluso también de las que parecen ya desalmadas por su tamaño o naturaleza, o sencillamente, por el desgaste de las horas estériles al que se ven sometidas. Quizá sea parte del mérito de Imanol Ibarrondo al centrarnos un balón como libro para que lo rematemos así, a bocajarro frente al portero de la desconfianza propia. Qué bueno que tuviera que ser el fútbol el que le dispensara la llave del mapa emocional humano. Lo ganamos como agitador de emociones.
Lo cierto es que, en un mundo entregado al imperio de lo tangible y a las leyes de la visibilidad; movido por los complejos intereses de los capitales movedizos, refresca adentrarnos en el deporte de masas, y en especial el fútbol, que tanto interés despierta y tanto mueve como industria, desde la orilla de lo intangible; desde el taller apacible del artesano que escucha con atención y pregunta con sabiduría; desde el camino que se adentra en las costuras de los motivos y los propósitos más profundos hasta llegar a lo verdaderamente esencial: la persona.
Sin caer en la trampa editorial del manual al uso, tan abierto como frío en su pretensión de alcanzar la inexistente totalidad, un acentuado sentido práctico y sugerente recorre las páginas de La primera vez que la pegué con la izquierda. Precisamente su paciente trenzado con un mundo tan concreto como el fútbol, le habilita para cualquier otra disciplina, del ámbito profesional que sea. Al fin y al cabo, está el fútbol como pasión, pero el coaching como herramienta potenciadora concreta, terrena, que adquiere la forma de las “7Ps” para brillar allá donde tu elemento –en terminología de Ken Robinson- se encuentre. En todo caso, promete el taller, al que la lectura te abalanza como ola a la orilla.
Entrenar intangibles para mejorar lo tangible es propio del gremio de los sopladores de brasas, esos que reavivan el fuego interior de personas, deportistas, equipos, organizaciones…; esos que se atan la humildad como una bota de fútbol; que se retiran sabiendo que el fuego no es obra suya, sino de aquel que descubre todo su maravilloso potencial, ese mismo potencial que está abierto mientras nos alcance para latir en el instante que se nos da, este de ahora. Puede que vivamos de tanteos, de constantes y continuos resultados que se comparan, pero La primera vez que la pegué con la izquierda nos sumerge en un ideal tan concreto y posible como el de sentir que ningún marcador como la satisfacción de ser todo tú en el momento que eres. ¡Tú en el instante…!
Si la has sentido, ya es tuya; inicia de una vez la jugada, tu jugada. Ni siquiera pienses en el resultado; tan solo disfruta el placer irrenunciable de decidir y dar el paso que sientes. La confianza es un principio -muy activo- del talento. Trabajarla, entrenarla es atrevido y valioso. Buena lectura si así lo decides.


La primera vez que la pegué con la izquierda, de Imanol Ibarrondo. Kolima Books.

Elogio del iluso. La razón liberada.

“La locura es el estado en el que la felicidad deja de ser inalcanzable”
En Alicia en el país de las maravillas.

Dicen los expertos en materia de ilusionismo que la magia no existe, que solo hay magos y lo que percibe el público. Al fin y al cabo, el motor es la ilusión, y no solo en el mundo de la magia. Hay quienes, sin embargo,  se entretienen, se empeñan y hasta se pasan la vida pretendiendo encontrar el truco. Me encanta esa visión de los ilusos como personas entregadas en los brazos tiernos y sinceros de la ilusión. Demasiados tristes se empeñan cada día en descabalgar a Don Quijote de Rocinante y negarle aquella dicha que llaman locura; quizá demasiadas sobrinas, barberos, curas, amas… demasiado Sansón Carrasco infiltrado en los sueños para romperlos a golpe de lanza macabra.
Me encanta ese tipo de ilusos que estrenan días como se estrenan zapatos, y me encantan también ese tipo de ilusos que miran el final de la tarde como quien asiste al teatro de sus sueños; o que se detiene ante la luna o se maravilla del brillo inagotable de las estrellas; me encantan ese tipo de ilusos que sonríen en soledad recordando personas o sencillamente soñando momentos; me encantan ese tipo de ilusos que desafían las reglas del juego no porque no les gusten, sino porque aman también otras. Me encantan ese tipo de ilusos que regalan “te quieros” sin necesidad de monedas a la entrada o la salida, o que hacen las cosas porque les sale del alma, sin reparar si quiera en los daños propios o ajenos.
Tengo que decir que me encantan ese tipo de ilusos por muchas y muy variadas razones que comparto como una interminable lista que tú también puedes completar con las tuyas:
1.      Sonríen sin esperar que el mundo les sonría de una puñetera vez (Y los hay; he conocido a alguno).
2.      Se alimentan del bien que les pasa a los otros, porque, además, forma parte de su bien.
3.      Gozan de una conversación profunda y ridícula de la misma forma. Ríen por no llorar y lloran de felicidad.
4.      Entregan todo sin hacer más ruido que el de sus pasos al marcharse. Lo único que se atan son los cordones de las zapatillas.
5.      Son libres entre la esclavitud de tanta seguridad mal entendida y pretendida.
…
Hoy me detengo a elogiar a ese tipo de ilusos que muchos tachan de irresponsables porque sencillamente no se atreven a soñar como ellos; porque, de alguna manera, no están dispuestos a tropezar; sí, porque les preocupa más que les vean caídos en el suelo que sentirse más cerca de su sueño. Ellos no conocen ni conocerán sus alas. Ese tipo de ilusos lo llaman algunos inconscientes porque en el fondo desean sus pasos, su atrevimiento, su actitud y hasta su manera de afrontar cada tropiezo… pero, sobre todo, porque desean su corazón. Que nadie juzgue a uno de estos ilusos sin revisar cuanto de su alma rebosante desea. Ellos caen, lloran si tienen que hacerlo, y se levantan.

De la arena al cielo. Estampa emocional de 6 años de fútbol y VIDA.

"Los retos hacen que la vida sea interesante. 
Superarlos es lo que hace que tenga sentido"
Ralph Waldo Emerson
     El cielo no viene, ni te lo traen; el cielo se construye, se conquista y reconquista palmo a palmo. El cielo no te toca por azar, porque si no, no es cielo. El cielo lo sueñas primero; luego lo buscas, lo provocas, lo creas y, por fin, tras mucho esfuerzo, lo descubres y lo disfrutas con quienes se dejaron la piel y hasta parte del alma para tratar de alcanzarlo.
         Esa es la historia de estos últimos seis años de fútbol en Linares; seis años que bien podrían sintetizar el espíritu de una ciudad transferido a un club de fútbol. Sí, esta entrada en el blog -como lees- no va a tener a una superestrella como protagonista o una noticia de impacto global, pero por eso precisamente resulta valiosa. Se trata, tan solo, de un humilde club de fútbol que hace seis años se encontraba en la última de las categorías de este deporte, arrastrando condena por algún que otro campo de arena de poblaciones que aún mantienen al fútbol alejado de los focos mediáticos e incluso del abrazo sintético de hierba.
         Y no; no hay desierto lo suficientemente largo para el alma competitiva. Crecer, al fin y al cabo, es tener plena conciencia de que el paso que ahora das es el que, de alguna manera –a veces caprichosa- te acerca a tu objetivo; progresar, después de todo, tiene que ser algo parecido a sentir que avanzas como has proyectado hacerlo y, por supuesto, con quienes has decidido hacerlo.
         Para muchos amigos, conocidos, seguidores e incluso críticos, Castellón y Castalia es hoy –y así quedará en su memoria colectiva adornada por incontables cicatrices- el cielo del que no quieren ya bajar, el sueño del que no desean despertar. Y bien que lo merecen. Por muchas razones, está demostrado que un equipo es su afición. Ella es la que permanece, la que exige, anima, levanta, llora, ríe, se queda; ella es la que tiene tatuado su escudo en el alma con tinta que ni siquiera el tiempo borra. El fútbol, su gestión deportiva y administrativa, hacen que los equipos coqueteen con diferentes categorías a lo largo de su historia. El Linares no es ajeno a esta realidad, como tampoco es ajeno a una realidad insoslayable en el mundo del deporte: la afición es lo único que mantiene inalterada su categoría mientras los avatares del destino van dictando sentencias de gloria o sentencias de muerte. La afición...
         Conviene despertar de esa pesadilla que ha tenido el mérito de hacer más fuerte al club, al equipo. Conviene despertar, para poner los pies en la tierra y pisar con la fuerza y la sabiduría de quienes traen varias guerras en el corazón e incontables batallas en el cuerpo. Vienen y vendrán más batallas deportivas, y vendrán para probar ese espíritu transgresor y provocativo; ese ardor competitivo inconfundible que siempre, como sello indeleble, ha caracterizado al Linares en cada una de sus etapas.

         Y llegó por fin el principio del sueño. Con una certeza clara para todos los que iniciamos este camino. De la arena al cielo cubrimos la distancia que existe entre el fago y nuestros sueños, ese espacio necesario que da para disfrutar de la única gloria posible, la de sentir por un momento que tus latidos se encuentran perfectamente sincronizados con el reloj de la vida, allí donde realidad y deseo cruzan sus caminos y entonces –solo entonces- todo se detiene. ¡Grande el Linares! ¡Enhorabuena a todos!

Ahora que te necesito, motivación.

“Tanto si crees que puedes hacerlo, como si no,
en los dos casos tienes razón”
Henry Ford
         Los hombres del campo hablan de los beneficios de la lluvia fina y constante, de cómo la tierra filtra el agua que necesita para que así las raíces absorban todo lo necesario para seguir generando vida, una vida rebosante y fresca; por el contrario, sufren de cuando en cuando los rigores de la tormenta, ese vendaval inmisericorde que destruye todo lo que a su paso encuentra sin reparar en el daño causado.
Algo así sucede con la motivación en las organizaciones y equipos. Y es que parece ya acostumbrada; la pobre viene haciendo horas extras cuando abril avanza y dobla la esquina para ceder el testigo a mayo. Todos recurren ahora a su halo mágico buscando ese plus que termine por acercar a los objetivos marcados. La motivación se deja, pero es como el agua; que fina y constante te hace crecer, brillar; y sin embargo, cuando suelta de repente toda una carga inasumible de granizo y aparato eléctrico, te puede encharcar, desmoronar y hasta asfixiar.
Un ir y venir de videos motivacionales recorren los soportes tecnológicos de deportistas; también de directivos y empleados de organizaciones de toda naturaleza. Se trata de provocar un esfuerzo adicional, de mantener encendida la llama que siga proporcionando la luz que permite alcanzar la meta que no acaba de llegar. Y todo vale, incluso aquello que no hemos trabajado a lo largo de la temporada. Con esto no pretendo afirmar que sean negativos este tipo de refuerzos o estímulos, pero sí considero que poseen, descontextualizados y desprovistos de sentido, el mismo efecto que una tormenta pudiera tener sobre la tierra desbordada ante la cantidad inasumible de agua.
Por eso, como entrenadores, coaches, directivos, líderes…, sería fundamental plantearse, en primer lugar, y antes de proyectar un video o plantear una dinámica, algunas cuestiones:
1.   La finalidad de la actividad. Qué te propones o qué quieres conseguir.
2.   La idoneidad del momento. ¿Es ahora, antes, después…? Calcula bien los tiempos para que no sea demasiado pronto o demasiado tarde
3.   La adecuación entre contenido y perfil de los destinatarios. ¿Lo entenderá mi equipo; es lo que necesitan ver, escuchar? O es que me gusta a mí…
4.   El efecto que podría provocar. Puesto que conoces a tu grupo, estaría bien que pensaras en sus reacciones.
5.   El tiempo que podría resultar efectiva. Sería muy bueno que te plantearas el impacto inmediato y la huella o el rastro que pudiera dejar
Trabajar la motivación es preparar la tierra con paciencia, desde el principio; no abandonar para volver a ella cuando me apetece o lo considero imprescindible. Trabajar la motivación es un continuo, para que tengan sentido y alcancen todo el significado aquellos pildorazos que ahora afloran en primavera en forma de vídeo o dinámica de grupo/equipo. Si no hemos trabajado emocional y mentalmente la motivación a lo largo de la temporada puede suceder lo siguiente:
1.   Provoca una reacción emocional de alto impacto con posible efecto rebote si las expectativas se tuercen.
2.   Genera ansiedad por la presión ejercida sobre el objetivo;
3.   Sobre todo en los niños, en el deporte base, podría provocar estrés emocional si el mensaje solo va dirigido a determinados factores de rendimiento como la voluntad o la intensidad.

Trabaja y gestiona la motivación, resulta fundamental para ti, tu equipo y el entorno, pero no olvides abordarla de un modo proporcionado y continuo, donde el centro de gravedad se sitúe en la confianza de la persona y el grupo. Se puede cambiar alguna rutina para provocar una reacción prevista, pero no romper el hábito de tener ese espacio de entrenamiento mental/emocional que todos reconocen. Ser más fuerte es también ser más consciente.

Pau Gasol y el liderazgo expansivo.

“Ante la adversidad me crezco, y siempre he vivido con la presión de las expectativas. No me da miedo eso”
Pau Gasol
Hace unas semanas, mi compañero Antonio Ortega (@AntonioOrtegaPF) me lanzó un órdago inesperado. Reflexivo y calculador, respetuoso hasta el límite que marca el decoro, y tratándose de un hombre de fútbol, me extrañó la firme convicción con la que se dirigió a mí, una convicción que al poco tiempo, al mirarle fijamente, se tornó en serena exigencia.
-Gaby, tienes que escribir un artículo sobre Gasol –espetó sin más, para después calcular las consecuencias de su petición y argumentar las razones del encargo.
Así es como se forja este artículo, una vez más agarrado a la vida y a las personas con las que compartes pasión, camino, experiencias. Y así es como surge escribir sobre Pau Gasol y lo que he decidido llamar el liderazgo expansivo.
La evolución parece uno de esos presupuestos antropológicos que no admiten demasiada discusión. Evolucionamos como una parte más del cosmos; y lo hacemos queramos o no, conscientes o no de ello. Evolucionamos desde la fisiología, la psicología, las emociones, la adaptación al entorno… Llevamos dentro algo de esa esencia expansiva del universo que hace que siendo los mismos no seamos iguales, vinculados a las coordenadas de espacio y tiempo que como raíles marcan nuestra trayectoria.
El liderazgo no permanece ajeno a esta realidad expansiva del ser, por lo que no deja de tener una dimensión poliédrica, que va mostrando diferentes imágenes en función de la situación, las circunstancias, el tiempo... Después de todo, somos aquello que va quedando, aquello que permanece de todo lo que vamos siendo; somos aquello que viene con nosotros, traspasando las coordenadas espacio-temporales. De alguna manera, no elegimos nuestra esencia expansiva, pero sí la dirección hacia la que orientar esa expansión. Y algunos lo hacen bien, y otros genial.
Os invito a que analicemos esta tesis en la carrera profesional de uno de nuestros mejores deportistas de la historia, Pau Gasol. Confrontaremos las etapas de su dilatada trayectoria con los factores y los valores que se hicieron presentes como líder en cada una de ellas.

·         Barcelona. A pesar de formar parte de la selección de los “Juniors de oro” que conquistaron el título mundial frente a la todopoderosa EE.UU. (Lisboa, 1999), Pau Gasol no fue el más destacado de aquel grupo. Año y medio después, en la edición de la Copa del Rey de 2001, explotó el deportista. Alguien tuvo que confiar en él, y él confiar en sí mismo. Un líder, para empezar a serlo, necesita atrevimiento, algo de descaro en su comienzo. Romper el orden establecido, el nivel mostrado, requiere de ese valor. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Confianza. VALOR: Atrevimiento/Descaro.
·         Memphis Grizzlies. El salto a la NBA era el paso evidente en su meteórica progresión. Entonces, el líder, ante lo nuevo, necesita convicción en sus cualidades, trabajar, esperar la oportunidad, ser paciente ante el reto de los retos. La capacidad de adaptación y superación son valores consustanciales al liderazgo. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Convicción. VALOR: Adaptación/Superación.
·         Los Ángeles Lakers. El paso a la franquicia dorada de la NBA supone todo un estímulo, alcanzar el anillo de la mejor liga de baloncesto del mundo, pero al mismo tiempo ha de soportar la mayor presión de su carrera deportiva. Hay un valor por encima de todos en esta etapa, un valor que todo líder debe soportar, la exigencia. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Presión. VALOR: Exigencia.
·         Chicago Bulls. La experiencia lleva a un líder a ser valorado y respetado. Este parece el factor que hiciera decantarse a Pau por los Bulls, la franquicia de un icono de este deporte, Michael Jordan. Después de todo lo vivido en el camino, hay algo fundamental para un líder, el equilibrio, esa serenidad desde la que se compite con toda la consciencia.
FACTOR: Experiencia. VALOR: Equilibrio.
·         Selección Española. No ha tenido reparo en reconocer en más de una ocasión que para él, acudir cada verano a su cita con el combinado nacional –siempre que ha podido-, ha sido un verdadero placer, por todo lo que supone convivir con un grupo de amigos y competir por su país con un formidable equipo de profesionales. Sin duda, la inspiración es uno de los valores esenciales para el liderazgo. Y queda mientras se es líder.
FACTOR: Diversión. VALOR: Inspiración.
         De todo lo expuesto, podemos deducir cuatro rasgos esenciales que revelan al líder expansivo:
1.   Conserva lo bueno. Hace bagaje de la experiencia. En la mochila no cabe todo y procura no perder aquello que es riqueza para el camino que está por venir.
2.   Elimina lo que detiene. Hay mucho peso que ralentiza el ritmo y no aporta nada. Identificarlo y eliminarlo proporciona grandes ventajas.
3.   Elige la dirección. Elegir el destino está más cerca de decidir quién ser que de decidir dónde estar. El líder expansivo no traiciona sus valores, y sus decisiones se encuentran estrechamente vinculadas a estos.
4.   Disfruta el momento. El mejor momento es el que vivimos, porque tratamos de comprender qué nos enseña; qué nos permite descubrir y para qué aparece en nuestra vida.
     No creo que el liderazgo sea un fin en sí mismo, entiendo que es la realización de la persona el verdadero objetivo último, pero parece innegable que el liderazgo delata el alma de las personas como la luz del sol delata el alma de la tierra.

El equipo ante el final. Cuando llega la hora de la verdad.

“Yo arriesgo mi vida, tú jura que la defenderás”
La Iliada.
         No parece seguro, pero, aún así, el adivino Calcante mira con serenidad a Aquiles antes de transmitirle una información decisiva para el transcurso de los acontecimientos de la guerra; se trata de una información que pondrá su vida en serio peligro ante la furia desbocada de Agamenón, líder despiadado y envidioso. Aquiles transmite en su gesto la confianza necesaria, refleja el valor y la decisión que Calcante necesita ver en este tormentoso momento que sin duda cambiará las cosas. Entonces, después de un breve pero inquisitivo silencio, sentencia:
         “-Yo arriesgo mi vida; tú jura que la defenderás”.
        
Todo llega. También, y sobre todo, los momentos decisivos para líderes y equipos de toda índole o naturaleza, de toda misión. Lo percibes porque el camino se estrecha después de una travesía más o menos placentera, más o menos dura. Lo percibes porque genera dentro de ti y del equipo un cosquilleo difícil de clasificar, porque aumenta la presión externa de quienes te acompañan y tienen las expectativas intactas, pero también la interna, esa con la que tú te castigas a veces en exceso. Llega el momento decisivo y tienes la sensación de que un precipicio parece abrirse ante tus pies sin la certeza de haber traído las alas necesarias.
Hay un instante en el que sientes que ya no hay posible vuelta atrás; que todo para cuanto te estabas preparando ha llegado sin que puedas postergarlo. Para cuando esto sucede, los líderes y sus equipos se saben ante la puerta que ya solo cabe abrir de par en par. La puerta que puede traerte el cielo y sus estrellas; la misma puerta que puede abrirte las cloacas llameantes de infierno. ¡Qué paradoja! El momento en el que los objetivos, los resultados, llegan a adquirir rostro, cara, emociones, sensaciones… Sí, ese momento ya está aquí para ti y para tu equipo. El modo en el que gestionas este escenario de presión ante la fase final que decidirán toda una temporada también diferencia a los líderes.
Estas podrían ser 4 situaciones y sus 4 posibles claves para surcar este mar tempestuoso para tu equipo:

SITUACIÓN 1: Se huele la tensión previa antes de la batalla.
A TENER EN CUENTA: La atmósfera y el ambiente previo a todo momento decisivo resultan fundamentales.
CLAVE 1: Genera la serenidad necesaria y suficiente.

SITUACIÓN 2: Aparecen las dudas y la incertidumbre ante el resultado.
A TENER EN CUENTA: La visualización de todo lo bueno que ha traído al equipo hasta este momento. Ha sido el valor de lo que somos y hacemos el que nos da esta magnífica oportunidad de alcanzar la meta y los objetivos.
CLAVE 2: Construye la confianza en ti y tu equipo.

SITUACIÓN 3: La presión puede robar el aire que la hora de la verdad necesita.
A TENER EN CUENTA: El exceso de mensajes puede deteriorar el aire que respira tu equipo. La protección de ese espacio en el que se trabaja, el aire y el oxígeno que ha venido respirando el equipo hasta ahora debe protegerse.
CLAVE 3: Elimina toda esa presión que ahoga el talento de tu equipo, su potencial, su rendimiento.

SITUACIÓN 4: Está la confianza y la fe, pero falta la decisión, el paso al frente de todos que supone la declaración de intenciones.
A TENER EN CUENTA: Todo parece tan complicado; se ha preparado con tanto detalle, que a veces es solo cuestión de un último empujón, una provocación a tiempo; una emoción que desencadena la acción inaplazable.
CLAVE 4: Provoca la acción.
     Lo haremos y lo pondremos todo. Y vendrá el resultado como vienen los días, para probar nuestra actitud, para probar la consistencia de nuestros motivos, la fuerza de nuestro espíritu competitivo. Siente orgullo por el esfuerza tuyo y del equipo que confió en ti el liderazgo y la autoridad. Al fin y al cabo, la derrota o la victoria es expresión necesaria de la competición, pero siempre insuficiente si por encima de ella –o atada a ella- no está la vida, las vidas de quienes la comparten. El final lo elegimos, porque el final es mucho más que un tanteo o un resultado: quiénes fuisteis, quiénes sois y quiénes seréis como equipo.